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¿Crees de verdad que mi hijo tiene remedio? Cinco verdades sobre las notas y el estudio

¿Crees de verdad que mi hijo tiene remedio? Muchos padres se hacen esta pregunta cuando sus hijos vuelven a casa con un buen número de suspensos en la mochila. Sin embargo, a veces las notas no son lo más importante. No constituyen un fin, sino un medio. Esta es una de las cuestiones que plantea el profesor Fernando Alberca en su nuevo libro, Tu hijo a Harvard y tú en la hamaca, donde ofrece a los padres una guía práctica para motivar a sus hijos al estudio, mejorar su aprendizaje, y que las notas dejen de ser un problema.

TODO LO QUE QUISO SABER SOBRE LAS NOTAS Y NUNCA SE ATREVIÓ A PREGUNTAR

El estudio, las tareas escolares y las notas, en definitiva, suelen constituir uno de los principales temas de discusión entre padres e hijos. Normalmente, los primeros ven reflejado en las evaluaciones el futuro de sus retoños, por lo que cuando las calificaciones no son buenas, se preocupan y tienden a imaginar universos posibles poco halagüeños para sus hijos. Esta tensión, a su vez, se transmite a los estudiantes, que ven las calificaciones como un problema insalvable que puede abocarlos al fracaso. La desmotivación hace que una cuestión fácil y rápida de resolver se convierta en una gran montaña, cuando podría evitarse.

En Tu hijo a Harvard y tú en la hamaca Fernando Alberca resta importancia a las notas como resultado o fin, como elemento catalogador de lo que serán nuestros hijos en un futuro, y las valora como medio para detectar si nuestros hijos aprenden, si se sienten motivados al estudio, y si este estudio y aprendizaje les ayuda a alcanzar la felicidad. Así, en su primer capítulo desmonta algunos mitos y ofrece unas cuantas verdades sobre las notas. Te presentamos cinco:

  1. 1. Nadie es clasificable en la realidad. “La cultura en la que nos movemos, la escuela, e incluso la familia si se descuida, tiende a globalizarnos, a valorar lo común y despreciar las diferencias”, explica el autor. Describen un ciudadano medio a través de las estadísticas, pero ese ciudadano medio no existe en la vida real. Esta tendencia por clasificar es “el mayor enemigo de todo cambio”, tanto si es el propio alumno quien se autoclasifica, como si lo hacen sus profesores.
  2. 2.  Afecto, relación y buenas notas. “Desatender el afecto al estudiar o al enseñar es renunciar al mejor de los motores de todo éxito escolar y todo cambio, renunciar a su combustible y renunciar a buena parte de la satisfacción de llegar a la meta que cada uno se proponga”, defiende. “El afecto lleva al esfuerzo, pero el esfuerzo no lleva al afecto”.
  3. 3. Lo que cambia una décima. El sistema numérico de evaluación que se utiliza para valorar el aprendizaje de los alumnos puede hacer que una décima marque la diferencia en la vida de un estudiante. Por eso a veces es necesario valorar cada caso de forma independiente. Una décima arriba en unas notas, según cómo se conceda, puede servir para aprobar, motivar y generar más aprendizaje que las ganadas mediante un examen.
  4. 4. Las notas son una consecuencia. Solo indican que algo va mal y puede arreglarse. Según Alberca, cuando esto se retoca, las notas cambian rápidamente. “Sacar notas es cuestión de hallar la motivación suficiente adherida a los pasos adecuados”, explica el autor, que considera que “Los ingredientes necesarios para sacar buenas notas están en todos los seres humanos”. A menudo, el mayor obstáculo para el cambio se encuentra en el alumno, que no cree en sus propias posibilidades.
  5. 5. Estudiar no es la meta. “Las notas han de ser solo un medio, no un fin en la vida de nadie. El fin es la felicidad, con su complejidad y su grandeza infinita. Las notas merecen mejorarse por la felicidad que aporta trabajar bien por lograrlas y obtener el resultado, pero no porque sean la meta en sí mismas”, señala. Alberca piensa que todo el mundo puede sacar buenas notas, solo que a veces no siguen el camino adecuado para cambiar: “Nunca es cuestión de obediencia, sino de encontrar la fuerza, la motivación mínima para ponerse y cambiar.” 

Si quieres saber más sobre el libro Tu hijo a Harvard y tú en la hamaca, puedes descargarte el primer capítulo aquí.

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