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Jaume Cela: “Cuánto más singularices el proceso de enseñanza y aprendizaje, mejores resultados vas a tener”

El mes pasado publicamos en el blog de aulaPlaneta una entrevista al pedagogo y escritor de literatura infantil y juvenil Jaume Cela cuya extensión, fruto del interés de la charla con el docente, nos impidió ofrecérosla en su totalidad. Aquí tenéis la segunda y última parte de esta entrevista en la que Cela nos habló, entre otras cosas, del lugar de la educación personalizada en la escuela del siglo XXI, del error como forma de aprendizaje, de los tres verbos relacionados con educar y el papel del docente en el aula.

¿Qué opina de los nuevos métodos pedagógicos que sitúan al alumno como el auténtico protagonista del proceso de enseñanza y de aprendizaje?

Yo creo que es imprescindible que nosotros partamos de las necesidades que tiene cada alumno. Lo que pasa es que esto depende de muchas cosas, por una parte de los recursos disponibles, que esto es recurrente en todas las respuestas, y por otra, requiere un trabajo muy intenso por parte del profesorado y del equipo de maestros de poder compartir qué es lo que este niño o niña necesita.

¿Por qué es importante personalizar el enfoque pedagógico?

Cuánto más singularices el proceso de enseñanza y aprendizaje, mejores resultados vas a tener. Y cuántas más posibilidades des al niño para que plantee sus interrogantes, sus dudas, sus inquietudes y sea capaz de explicar lo que a él le interesa en un contexto colectivo, serán aún mejores. Tenemos una institución escolar que está dirigida al conocimiento donde se sanciona al que se equivoca. Esto tiene que cambiar. A un niño que se arriesga a dar su opinión se le sanciona. Son cosas que tenemos que girar.

¿Cómo se puede girar esta conducta en el aula?

Sabemos que el aprendizaje siempre es individual, yo no aprendo por ti, pero sabemos que se da en un contexto social. Ahora hay una palabra que se va introduciendo cada vez con más intensidad en los debates sobre la educación que es la conversación. Conversar es dar vueltas sobre un tema. Los niños hablan, explican qué les ha parecido, el otro le pregunta…

¿Cuál es el papel del maestro en estas situaciones?

Primero, estar lo más callado posible. Y luego, ir acompañando. Cuando ves a un crío que te presenta una cosa con mucha seguridad, plantearle una duda, un interrogante. Si tú sometes al niño a “hoy es miércoles, me toca matemáticas y me toca la ficha tres y la ficha cinco”, pues esto es muy poco motivador. Esto ha funcionado durante unos años, pero ahora no funciona. Si le preguntas a los alumnos qué quieren hacer, ellos tienen mil propuestas y además, interesantísimas. Si por cada pregunta que hace un alumno de parvulario hay un maestro que la sabe acoger, puede salir mucho de allí. Ahora, si tú dices “no, esta pregunta no está en el currículum”…

Por tanto, ¿qué es educar para usted?

Antes que nada, una acogida sin condiciones, en la escuela no se puede poner condiciones a la llegada de un niño. Yo lo tengo que acoger tal y como me llega, igual que un médico. Un médico no me va a decir a mí, “oiga, usted, seños Cela, tiene 67 años, tiene que tener este tipo de salud si no la tiene, yo no le atiendo”, no, no. Un médico me tiene que atender llegue yo como le llegue. Incluso me tiene que atender si yo le digo que no sabe cómo atenderme. Por tanto, un maestro tiene que acoger, puede tener todos los problemas que quiera, pero la acogida es la primera acción.

Acoger, ¿para qué?

El profesor tiene que acompañar al alumno en el proceso de descubrimiento del mundo. Yo no he encontrado ninguna observación oficial sobre los éxitos o fracasos escolares que pregunten por ejemplo, qué hace el maestro los 10 primeros minutos de clase. Tenemos que recuperar el significado que tenía la palabra “pedagogo” que tenía entre los griegos que era el esclavo que acompañaba al niño en el ágora o acompañaba al niño a la ciudad. Por tanto, el maestro acoge, acompaña y muestra el mundo.

Una vez se ha dado este paso de acogida, ¿qué es primordial en la labor de educar?

Dos cosas que, para mí, son imprescindibles, que si no se dan, la acción educativa queda tocada. Si existe el buen maestro en abstracto, que yo tengo mis dudas, pero bueno, si existe, es una persona que sabe escuchar. Es una persona que es receptiva a lo que a ti te pasa. Que es capaz de pasar tiempo contigo. Porque al fin y al cabo, el tiempo educativo es tiempo para el otro.  Hay un filósofo catalán que yo lo adoro, Joan-Carles Mèlich, que dice: lo importante no es estar, si no estar allí.

El otro verbo es confiar, crear buenas expectativas. Un maestro que diga a sus alumnos, y esto lo dicen algunos maestros, “tú no sirves para nada” o “tú acabarás mal”, este señor no puede seguir ejerciendo su trabajo. Tiene que dedicarse a otra cosa. Lo puedes decir en un momento, pero cuando eres consciente tienes que ir y, al menos, excusarte. Tienes que confiar que cualquier chaval siempre podrá aprender, a unos les costará más y a otros menos.

Con estos tres verbos claros (acoger, escuchar y confiar), ¿cómo resumiría la buena práctica del docente?

En un mandamiento general: “los niños tienen que tener la sensación de que sus maestros los quieren, que para ellos son importantes”. Y ahora entra algo que hemos discutido muchas veces, que cuando yo digo esto algunos profesores me responden: “Sí, pero hay niños que es muy difícil que se les quiera”. Y es verdad, no se obliga a nadie a querer. Pero bueno, lo tienes que hacer ver. El maestro continuamente está actuando, tiene que transmitir esta sensación. A unos les saldrá de forma natural y a otros no.

Aquí interviene la vocación de cada uno…

La vocación se va construyendo con el tiempo. La educación no es algo que se dé siempre estable. Hay una diferencia entre los maestros de primaria o infantil que tenemos una formación más o menos buena en psicopedagogo, de conocimiento del niño, pero tenemos una formación de materias más pobre. El licenciado es una persona que tiene una formación de materias mucho mejor, pero en cambio, no sabe lo que es un niño pero porque no se lo han enseñado nunca, no es porque a ellos no les interese. Esto afortunadamente va cambiando, pero es un proceso lento.

¿Por qué es una transformación tan gradual?

Hemos heredado un modelo en el que en los centros de secundaria tú sabías que por esta puerta te entraban 30 alumnos y por aquella puerta tenían que salirte 20, y 10 se perdían por el camino. Ahora resulta que estamos en una etapa que es obligatoria hasta los 16 años, las reglas del juego han cambiado pero se ha formado poco a la gente que tiene que aplicar estas reglas.

Actualmente hay debates encendidos en torno a la educación escolar, y nos gustaría saber qué opina al respecto, ¿deberes sí o no?

Depende de las edades y depende de lo que se entienda por deberes. Si los deberes son que los niños lleven un cuaderno y que hagan un montón de ejercicios, en los pequeños no, en los mayores, depende. En general, yo diría que los deberes se tienen que disminuir y que los pequeños no tienen que hacer deberes. Y luego si esto sigue siendo un problema y hay padres que dicen que sí y padres que dicen que no, pues que los deberes se conviertan en algo voluntario. Creo que es un debate de estos que nos gusta tanto hacer, que es situar las cosas en un extremo. ¿Innovación o tradición? ¿Aprendizaje por proyectos o clase magistral? ¿Siempre trabajo de grupo? Todo tiene un punto de equilibrio, pero cuando se debaten nos situamos en los extremos.

El modelo finlandés es un modelo que está muy reconocido en el mundo educativo, ¿cree que es un sistema a copiar o imitar?

Copiar o imitar no. Ningún país puede copiar a otro. El modelo finlandés lo bueno que tiene es que es un modelo equilibrado. Nosotros tenemos centros que están al mismo nivel que en Finlandia, nuestro problema es que hay unos desequilibrios enormes entre centros y una falta de equidad. Allí no hay problemas sobre a qué escuela llevar a tu hijo.

¿Cómo lo han conseguido?

Se han creído la importancia de la educación durante muchos años, han hecho una apuesta donde cada partido político ha podido expresar su opinión y han llegado a un consenso amplio, han seleccionado a los mejores currículums para dedicarse a la enseñanza y han dado una enorme confianza en el profesorado. En una escuela finlandesa un grupo puede empezar a las 9 horas y un grupo puede empezar a las 11. Aquí todo está absolutamente regulado, tenemos escuelas que están al mismo nivel, pero hay muchos altos y bajos.

 

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