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Cinco buenos propósitos para el docente del 2018

Tal y como hemos hecho otros años desde aulaPlaneta, queremos proponer a todos los profesores una lista con algunos buenos propósitos para después de las uvas. Aquí os dejamos con cinco buenos propósitos para el año 2018.

  1. Motivación

En este caso la elección de la motivación tiene un propósito doble. Por un lado, de cara a los alumnos, todos tenemos claro que la motivación tiene un impacto positivo en nuestros alumnos y es por ello por lo que debemos implicarlos en su aprendizaje. La mayoría de actividades en las que se basa el aprendizaje activo tienen en la motivación un componente muy importante para su éxito, por lo que ya tenemos un motivo clave para que no decaigan los ánimos en clase. Así será mucho más fácil que los alumnos participen y que sean permeables a nuevas propuestas metodológicas.

Por otro lado, los docentes también necesitamos la motivación para realizar mejor nuestras tareas. Puede resultar manida la apelación a mantener la motivación año tras año, pero es importante predicar con el ejemplo, sentirse motivado para implicarnos en nuestro trabajo, innovar, tener éxito en nuestro día a día y, sobre todo, dejar huella en nuestros alumnos.

  1. Reflexión docente

Los buenos propósitos están muy bien para comenzar el año, pero la labor docente no es como querer apuntarse al gimnasio, se trata de un proceso continuado que deberíamos realizar durante todo el año (y ya de paso, durante toda nuestra carrera). La práctica reflexiva sobre la labor docente cobra cada vez más importancia, especialmente, en estos tiempos acelerados en que los cambios sociales, tecnológicos y políticos impactan de lleno en nuestra labor.

La práctica reflexiva no sólo se trata de dotarnos de unos conocimientos teóricos sobre el campo en el que somos expertos, ni una ampliación sobre aspectos de la didáctica o la metodología, sino más bien de una práctica consciente que se integra en el día a día con el objetivo de reflexionar sobre nuestro trabajo en toda su amplitud. Nuestras condiciones laborales, la necesidad de cambios en el centro, nuestra relación con los alumnos y con nuestros compañeros son aspectos que han de ser tratados en la práctica reflexiva. Se trata de analizar de forma global nuestra acción docente para obtener claras mejoras en nuestra práctica: mayor soltura en la resolución de situaciones prácticas y en la gestión del aula, control de las emociones, aumentar nuestra preparación, mejorar la organización personal, etc.

  1. Comunicar, compartir, innovar

Tal y como explicábamos más arriba parte de nuestra labor debería ser nuestra relación con los compañeros y con el entorno en el que trabajamos: vivimos en comunidad y cada vez tenemos más herramientas para comunicarnos y para aprender los unos de los otros. Las comunidades de práctica son grupos reducidos con un interés y un compromiso en común y que, además, comparten informaciones, reflexiones y prácticas. ¿Os suena de algo? ¡Efectivamente! Encaja perfectamente con un claustro docente. Cada vez más, estas comunidades se erigen como un factor clave para obtener nuevos aprendizajes y reforzar la cohesión del grupo.

Si bien una comunidad docente cohesionada, bien comunicada y con el objetivo de compartir experiencias es un gran avance hay que recordar que el profesorado, la escuela y los alumnos forman parte de una comunidad. A nivel social, existe un interés (y en ocasiones preocupación) cada vez mayor por la educación y esto implica mayor implicación por parte de padres y del entorno que rodea al centro. Es por ello por lo que tenemos que comunicar y compartir e incluso innovar tendiendo puentes entre escuela y comunidad.

  1. Nuevo año, nuevos métodos

Los tres propósitos anteriores nos deberían servir para replantearnos nuestro desempeño, pero también es necesario pasar a la acción, al menos, poco a poco. La resistencia al cambio es algo natural en cualquier profesión, aferrarnos a lo conocido y a lo que controlamos aunque a la larga no sea lo mejor. Desde varios ámbitos (políticos, educativos o sociales) se producen cada vez más llamamientos para situar al docente en el centro de los cambios que deberemos introducir para afrontar el futuro.

Entre la propia reflexión, la ayuda de nuestra comunidad educativa y la multitud de recursos que circulan por la red todo se conjuga para facilitar este proceso y poner en marcha nuevas metodologías, recursos o técnicas de forma progresiva para luego pasar a mayores y mejores innovaciones.

  1. El reto de las TIC’s

Dentro de los retos a afrontar para el nuevo año, las nuevas tecnologías merecen una especial atención. El proceso de irrupción de las TIC’s se ha convertido en algo exponencial que cambiará nuestras vidas. Para los profesionales de la educación significará cambios para un sector que acostumbra a mostrarse menos permeable que otros a las nuevas tecnologías. No en vano, una clase de hoy en día difiere en muchas cosas de una clase de hace décadas pero no ha sufrido un cambio tan radical como otras profesiones.

Hay que decir, sin embargo, que este cambio llegará ya que en muchas ocasiones los nuevos métodos, herramientas y dispositivos van de la mano de nuevas tecnologías que nos pueden ayudar y facilitar el cambio. Esta última propuesta quiere incidir en ello y mostrar de forma proactiva que es mejor afrontar estos cambios cuantos antes.

 

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