Volver al listado

Ser maestro: La identidad

Desde tiempo inmemorial, el ser humano no ha dejado de preguntarse sobre sí mismo. ¿Quiénes somos? Es una pregunta que pese a haber pasado por las mentes de legiones de filósofos, científicos, antropólogos, o por las de cualquier hombre o mujer, nunca ha obtenido una respuesta si no definitiva, a buen seguro nunca del todo satisfactoria. La identidad, como construcción humana o fenómeno natural, requiere una atención especial por parte del profesorado; tanto por ser una parte íntegra de su desarrollo profesional, porqué ¿qué implica ser maestro? como, sobretodo, de su desarrollo personal. Es por eso por lo que los dos ejemplos culturales que os planteamos a continuación funcionan como reflexiones alrededor de la identidad que, aunque permiten lecturas en ese sentido, no se limitan a la docencia, sino que afectan a la condición humana en su totalidad.

Una película: Spider, de David Cronenberg


 

Basada en la novela homónima de Patrick McGrath que aquí ejerce como guionista y adaptador de su propia obra, esta película estrenada en el año 2002, Spider, asoma a sus espectadores a la mente del esquizofrénico Dennis Cleg “El araña” (Ralph Fiennes), cuya psicopatía nunca se menciona a lo largo del metraje. Y no por casualidad o corrección política ya que, a cambio, el director y escritor canadiense David Cronenberg plantea un arquetipo más universal desde una perspectiva filosófica, la existencialista, muy determinada. Ya que la de Spider es la historia de un hombre, “El araña” o “Spider”, obsesionado con las figuras de sus padres (Miranda Richardson y Gabriel Byrne), encantadora ella, cruel y déspota él, y que se protege del mundo tras una asfixiante red de fantasías y recuerdos que le impide discernir la realidad de su pasado de sus deseos de una vida menos cruel.

Pero Cronenberg, a través de numerosos simbolismos visuales, convierte a Spider en alguien que (se) crea una identidad como si se tratase de un artista cuya obra más preciada es su percepción de la realidad y de sí mismo. Ya que si la novela de McGrath, que como puede leerse en esta entrevista siempre ha estado interesado en los mecanismos de la psique humana, está planteada como un diario personal escrito de puño y letra por Spider, la película nos lo muestra siempre mascullando para sí e incapaz de tender puentes con los que le rodean y que podrían ser fruto de sus delirios, o escribiendo su diario en un idioma de signos incomprensible para cualquier otro ser humano. Bajo esta perspectiva, muy reforzada por la austeridad tonal de la película, el Spider de Cronenberg es tanto un hombre preso de la locura como alguien lúcido por plenamente consciente de los procesos psíquicos que componen nuestra siempre cambiante identidad. Y todo eso gracias a que Spider está planteada como una narración expresionista hasta lo solipsista, en la que el tono gris y melancólico del film, los paisajes anormalmente solitarios, o la fragmentación psíquica del protagonista afecta también al desarrollo narrativo de la propia película. No sólo porqué Fiennes aparezca prácticamente en todos sus planos como protagonista absoluto, o porque se pase el film tejiendo compulsivamente una tela de araña que interconecta metafórica y narrativamente todos sus delirios y recuerdos en un todo indivisible, sino porque los saltos temporales de la trama también podrían verse como delirantes fugas mentales del personaje, o porque todo lo que rodea a Spider en todo momento parece emanar de su confundida y traumatizada psique.

David Cronenberg ha afirmado en más de una ocasión que Spider es una película existencialista. Otra más dentro de una carrera cinematográfica en la que el estudio de la identidad personal desde los preceptos filosóficos esgrimidos por Jean Paul Sartre, entre otros, ha sido tratado a través de películas anteriores y posteriores a Spider pero nunca de forma tan desnuda, y serena, como en esta ocasión. Lo que en ningún caso merma ni la perturbadora solidez de su discurso alrededor de la identidad ni lo fascinante de la puesta en imágenes y sonido de esta excelente película.

Más información

Entrevista a David Cronenberg sobre Spider, para el programa Redes.

Un relato: La Metamorfosis, de Franz Kafka

Sin lugar a duda, La Metamorfosis de Kafka es una de las joyas de la Literatura Universal. Más allá de consideraciones literarias, se debe a que se trata de un relato que permite revisiones e interpretaciones con cada nueva lectura. Simplemente su inicio (cuando Gregor Samsa despertó una mañana de un sueño inquieto, se encontró convertido en un monstruoso insecto), ya abre la puerta a las interpretaciones: ¿está Gregor Samsa despierto realmente? ¿es sueño o realidad? El título también está sujeto a discusiones, ¿La Metamorfosis o La Transformación? La primera mucho más conocida, la segunda más cercana al título original en alemán. Por último, Kafka trata esta historia fantasiosa como algo real, con un cariz científico, como si fuera un entomólogo, aunque, por el contrario, expresó su deseo de que no se supiera en que insecto se había convertido Gregor Samsa.

Gran parte de la obra de Kafka tiene un carácter existencialista y sus personajes e historias muestran situaciones extremas o absurdas hasta el punto de haber generado un adjetivo propio, kafkiano. La Metamorfosis encaja plenamente en esta corriente filosófica pero también tiene una relación directa con la identidad, la aceptación y la alienación, en parte, por el vínculo con la vida del propio autor. Este aspecto hace de La Metamorfosis un gran ejemplo para trabajar la identidad, sobre todo cuando nos permite buscar paralelismos en la vida de su autor.

La búsqueda de la propia identidad, el anhelo de emancipación (económica y vital) y la aceptación significaron un conflicto interior para el escritor. Estos conflictos familiares son mostrados en varios de sus relatos como El fogonero, La condena o La Metamorfosis y en su famosa Carta al padre. El título de esta última obra no es casual ya que, de toda la familia, fue la relación con su padre la más tumultuosa. Se trató, como muchas relaciones con el padre, de una relación de poder, sometiendo a Kafka a un conflicto interior entre aquello que el patriarca de la familia exigía y aquello que el hijo quería realmente hacer: ser escritor. Si bien este ser escritor implicaba la renuncia a todo lo demás: familia, matrimonio y trabajo. Al mismo tiempo, Kafka era consciente que su ritmo de trabajo era lento y su salud frágil y que eso no le permitiría vivir de sus escritos. He aquí el conflicto existencial.

Por último, no sólo podemos trabajar la obra del genial autor checo en términos de identidad o de relaciones familiares. Sobre la obra de Kafka hay un enorme corpus de estudios basados en interpretaciones ya que no hay en la obra del escritor checo muchas certezas. De hecho, es imposible encuadrar la obra de Kafka de forma general ya que muchos temas se superponen y se entremezclan: la ya citada identidad, el psicoanálisis o el judaísmo. Por ello, más allá del trabajo en Literatura podemos trabajar a Kafka desde las Ciencias Sociales gracias a obras como El Proceso, Ante la ley o En la colonia penitenciaria que hablan de los vínculos con el poder y la ley, desde la Filosofía por la vertiente existencialista de Asus escritos o desde la Historia de las Religiones como reflejo de la vida de las comunidades judías en la Europa de antes del Genocidio. De hecho, ya para acabar, la propia Metamorfosis tiene vínculos con Las Metamorfosis de Ovidio, concretamente con la historia de Aracne, por lo que podemos vincular una obra contemporánea con la Cultura Clásica sirviendo como ejemplo de la continuidad cultural europea.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *