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La alfabetización digital: un aprendizaje para el siglo XXI

Hasta la irrupción de las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC) como herramientas de uso cotidiano para una parte importante de la población, la alfabetización en el aula ha sido mayoritariamente entendida bajo dos posibles formas. La conocida como alfabetización básica, que implicaba para el alumno asimilar los conocimientos necesarios para decodificar un mensaje y, también, el aprendizaje de la correspondencia entre una grafía (o símbolo) determinada y su fonética correspondiente y la conocida como alfabetización funcional y social, que implica la comprensión de un texto escrito y la discriminación, por parte del lector, de sus aspectos más relevantes. Aunque ahora, inmersos como estamos en un mundo interconectado, e hipermediatizado, a través de las TIC este binomio oficial ha dado visibilidad a otras alfabetizaciones, consideradas minoritarias por algunos sectores educativos, como son la crítica, la informacional o la audiovisual, y que pueden agruparse bajo el paraguas de la más demandada de todas ellas: la alfabetización digital o multimedia.

 

  • Sobre nativos, residentes, inmigrantes y visitantes digitales

En el año 2001, Marc Prensky bautizaba por primera vez como “Nativos digitales” a todos aquellos nacidos en algunos países del primer mundo a partir del año 1995 y hasta hoy. Según este artículo de Prensky, esta acepción se debía a que el desarrollo emocional y racional de estos “Nativos” se había dado en un entorno sociocultural en el que el uso de las TIC ya era habitual. Lo que implicaba una serie de diferencias en lo que a forma de pensar y aprender se refiere respecto a los nacidos entre 1940 y 1995, que fueron rebautizados comparativamente como “Inmigrantes Digitales”. Estos Nativos se definían por sus capacidades, en grados muy superiores a las de los Inmigrantes digitales debido a su uso habitual de las TIC, para la multitarea y la rápida asimilación de grandes cantidades información. Una serie de características que explicaban la escasa motivación del alumnado en el aula, debido al puro aburrimiento que les generaba adaptarse a unos ritmos de aprendizaje si no más lentos, sí incompatibles con su propia forma de aprender fuera del aula con estas tecnologías. Lo que llevó a que, según Prensky (2001): “Los estudiantes de hoy ya no son la gente para la que nuestro sistema educativo estaba diseñado para enseñar”.

Categórica afirmación que, al igual que la dicotomía establecida entre Nativos e Inmigrantes, generó un gran número de respuestas: desde los “New Millennium Learners” o “Aprendices del nuevo milenio” argumentados por Francesc Pedró en 2006, hasta la más robusta oposición conceptual a los términos “Nativo” e “Inmigrante” digitales, alcanzada en 2011 por David S. White y Alison Le Cornu con un nuevo binomio: el de “Residentes” y “Visitantes” digitales. Los “Residentes” asumían las TIC como un “lugar” en el que expresar sus opiniones de forma libre, establecer lazos comunitarios a través de las RRSS… asimilando, en definitiva, su actividad a través de las TIC como una parte más de su realidad personal. Por el contrario, los “Visitantes” contemplaban el uso de estas tecnologías como un aparte de sus actividades y vidas “reales” fuera de la Red de Internet. Esta nueva visión reafirmaba la creciente corriente de opinión que contemplaba esta cuestión en términos de uso acostumbrado de estas tecnologías que, efectivamente, habían establecido una creciente brecha digital entre aquellos que sabían manejarlas y valerse de ellas y aquellos que no, y que necesitaban aprender sobre ellas para poder sobrevivir en un mundo progresivamente mediatizado, y filtrado, a través de las TIC.

 

  • La alfabetización digital

La brecha digital, tal y como se os hemos comentado hasta aquí, se ha visto reducida al grado de conocimientos tecnológicos de las personas que se encuentran a uno u otro lado de la misma. Pero cada vez se alzan más voces desde el mundo educativo, además de certificaciones institucionales al respecto, que aseguran que ese aprendizaje es insuficiente por ser exclusivamente tecnológico. Ya que ¿es lo mismo usar que saber cómo hacerlo? ¿No se estaba confundiendo la antigua alfabetización básica, con la que podía decodificarse un mensaje, con la funcional que permitía su comprensión? Y, yendo un poco más allá y parafraseando a Prensky ¿Son estas dos alfabetizaciones suficientes para el mundo de hoy, cuyo acceso y actividades se da muchas veces a través de las TIC? Actualmente, su alfabetización forma parte de las Habilidades del siglo XXI, consistentes en aprendizajes y competencias en pensamiento creativo y crítico, la resolución de problemas, la comunicación y la colaboración.

Es bajo esta perspectiva que aparece la llamada alfabetización digital, o alfabetización multimedia, que implica un aprendizaje en localizar, organizar, entender y analizar la información a través de las TIC. Lo que comprende, a su vez, una serie de conocimientos en alfabetismo informacional y/o mediático imprescindibles para que la alfabetización digital o multimedia sea completa y satisfactoria desde una perspectiva pedagógica. Además, esta alfabetización implica también una serie de cambios respecto a las formas de enseñanza, y que van mucho más allá de la simple inclusión de ordenadores u otros dispositivos TIC en el aula. El software colaborativo, la Web 2.0. y sus consecuentes wikis, blogs y MOOCs, han roto con la verticalidad habitual de la transmisión del conocimiento tal y como se entendía en muchas áreas de la sociedad y, también, en determinadas formas de comprender la educación. Lo que sitúa, en la medida de lo posible, al docente no tanto como transmisor de contenidos como gestor de los mismos ante su alumnado.

Un rol en el que, quizás, ya os veis muchos de vosotros en vuestros día a día en el aula y que seguro que os ha aportado numerosas experiencias que esperamos que compartáis con todos nosotros.

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