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El valor de la igualdad en la educación

El valor de la igualdad tiene un impacto cada vez mayor en la educación. A nivel sistémico los sistemas educativos que aseguran una mayor igualdad en el acceso demuestran ser los más exitosos (véanse los casos de Estonia o Canadá, por poner dos ejemplos). Por otro, como hemos indicado en otras ocasiones, en un mundo cada vez más globalizado, cambiante y multicultural el aprendizaje de la igualdad cobra cada vez mayor sentido. Eso por no hablar de la igualdad de género, del reto de integrar a personas de otros ámbitos culturales o de las propias diferencias dentro de nuestras comunidades. Con tal de ilustrar este valor os dejamos con una película y un libro que esperamos os resulten interesantes.

Una película: Olenna, de David Mamet

En el año 1853, la revista noruega Krydersen publicaba la satírica letra del tema musical Oleanna, escrito por Ditmar Meidell y versionado en múltiples ocasiones. En Oleanna, el autor satirizaba la fe ciega en los EE.UU. que demostró el también noruego Ole Bull, violinista y fundador de una serie de colonias en Norteamérica, la más famosa de las cuales llevaba por nombre, precisamente, Oleanna. Estos territorios fueron planeados como nuevos edenes, aunque resultaron finalmente inhóspitos para sus habitantes, que las abandonaron. Quizás atraído por esta ácida visión del sueño americano, entendido como un lugar tan puro como finalmente falso, el dramaturgo, guionista y director David Mamet bautizó con este nombre la que ha terminado por ser una de sus obras más representadas desde su estreno en los escenarios en 1992: Oleanna.

Una obra cuyo punto de partida es tan sencillo como complejas sus ramificaciones: una estudiante universitaria llamada Carol se presenta en el despacho de uno de sus profesores, John, para discutir sobre los contenidos que éste da en su asignatura. Durante la conversación, John pasa de la distancia ante las demandas de su alumna a mostrarse comprensivo, tocando el hombro de la joven con la mano en un gesto que pretende ser cálido pero que es entendido por su alumna como un claro signo de acoso sexual. A partir de ese momento, y sin jamás salir de ese despacho, los encuentros entre ambos se repetirán, cruzando acusaciones y argumentando sus posturas sobre las decisiones que han decidido tomar para encarar una cuestión que puede costarle el puesto a John… ¿con razón? Como puede verse, Oleanna era, en su forma, muy sencilla. Lo que podría hacer pensar que, tras tomar la decisión de adaptar y dirigir su propia obra, Mamet optaría por el formalismo que ofrece el medio cinematográfico respecto al teatral para marcar las distancias entre ambas obras. Pero no fue así.

Como película, Oleanna es prácticamente una pieza de cámara en la que los actores William H. Macy, en el papel de John, y Debra Eisenstadt, en el papel de Carol, se enzarzan en una batalla discursiva no solo por derrotar al otro en una discusión que va subiendo de tono a cada nuevo encuentro entre ambos personajes, si no para ganarse el apoyo del espectador. Y es que el debate, que ya en su día proseguía cuando las luces del cine se encendían al finalizar la proyección o representación de Oleanna, sobre la inocencia de los dos protagonistas absolutos de la película no es en ningún momento concluyente, tal y como Mamet deseaba cuando escribió la obra adaptada. Una obra/película, en la que se pone en cuestión una gran variedad de temas relacionados de un modo u otro con la igualdad, especialmente de género, pero que oculta una serie de reflexiones alrededor de la lucha por el poder. Lo que, por una vez, hace de esta reflexión sobre la igualdad una muy alejada de conclusiones tranquilizadoras, planteando en cambio las dificultades que implica conciliar posturas morales como las planteadas en esta controvertida película de David Mamet.

 

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Una novela: La presa, de Kenzaburo Oé

El segundo Premio Nobel japonés (el primero fue Kawabata en 1968) Kenzaburo Oé tiene un interés para los educadores que trasciende lo meramente literario. Sus obras más recientes, parcialmente autobiográficas, también han servido como crítica de algunos aspectos del Japón contemporáneo. Oé siempre se ha mostrado crítico con su gobierno y con la figura del Emperador y en sus novelas nos habla del nacionalismo japonés (Muerte por agua), de lo sucedido con la secta La Verdad Suprema que atentó en el metro de Tokio con gas sarín (Salto Mortal) o de la omnipresente Yakuza (Renacimiento).

Antes de eso una gran parte de su obra giró en torno a su hijo Hikari, diagnosticado con hidrocefalia al nacer y con T.E.A., ceguera parcial y epilepsia como secuelas de la operación a vida o muerte a la que sometieron al recién nacido. Una cuestión personal, El grito silencioso o ¡Despertad, oh jóvenes de la nueva era! tienen un gran interés para cualquier educador más allá de aquellos que se dediquen a la educación especial. Por último, las dos primeras obras de Oé también tienen un gran interés para los docentes ya que Arrancad las semillas, fusilad a los niños y La presa tienen como protagonistas a niños.

En La presa, la acción se desarrolla en un pueblecito japonés que ha quedado aislado durante la II Guerra Mundial. En esta villa, el accidente de un avión enemigo unido al hecho de que su piloto es afroamericano supone un auténtico revuelo. En tanto que enemigo, el piloto se convierte en una presa para las fuerzas vivas del pueblo mientras averiguan que hacer con el cautivo. En esta situación, los encargados de cuidar y alimentar al prisionero serán un grupo de niños. Sin embargo, trascendiendo la imposibilidad de comunicarse, se darán cuenta de que su presa es humana, un igual, inofensiva en dichas circunstancias y, por último, alguien en quien confiar. Esta nouvelle muestra la ingenuidad propia del mundo infantil en contraposición con el desconfiado mundo adulto y, por supuesto, nos muestra la visión de quien nos ve a todos como iguales más allá de nuestros orígenes.

Más información

  • Artículo sobre un hilo de Twitter que explica la relación de Oé con su hijo, en Diario Público.

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