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Aplicaciones para niños autistas: los alumnos del colegio Montserrat de Madrid se convierten en programadores

Una solución a dos necesidades: instruir a los alumnos en el uso de las nuevas tecnologías y ayudar a integrar a los estudiantes con necesidades especiales. A través de un nuevo proyecto colaborativo, en el que los alumnos de 1º de ESO desarrollan aplicaciones para ayudar a que sus compañeros con trastornos autistas aprendan, el colegio Montserrat de Madrid ha conseguido avanzar un paso más en la concepción de las TIC y la metodología educativa. Así, la máxima “Aprender a aprender” se ha convertido en el colegio Montserrat en “aprender para que los demás aprendan”.

El innovador proyecto surgió a raíz de una necesidad concreta: atraer de manera sencilla la atención de los alumnos con trastornos autistas para facilitarles el aprendizaje. El colegio Montserrat pasó a formar parte en 2012 de la red de centros de atención preferente a los alumnos con trastorno generalizado de desarrollo (TGD), y como tal, uno de los retos a los que se enfrentaba era integrar en las clases a los alumnos con dificultades y hacerles más sencilla la tarea de asimilar conocimientos. “Nuestros estudiantes con autismo tienen un buen nivel cognitivo, pero cada uno necesita atención específica”, explica Teresa Cuenca, tutora del aula de TGD.

Cada mañana, antes de entrar a sus respectivas aulas, los seis alumnos con trastornos autistas del colegio Montserrat pasan por la clase de TGD. Allí, las profesoras les muestran pictogramas para avanzarles las actividades y acontecimientos a los que van a hacer frente a lo largo del día. De este modo pueden asimilarlos mejor. Esta tarea, que antes desarrollaban con pictogramas impresos en papel, ahora ha pasado a la pizarra digital gracias al trabajo de los alumnos de 1º de ESO.

“Se nos ocurrió que podía ser una buena idea enfocar el trabajo de los alumnos hacia esta aula”, explica Manuel Agudo, profesor de Tecnología. Por eso, se les encargó un trabajo concreto: la creación de secuencias de pictogramas. La idea, según Agudo, era generar “algún tipo de aplicación que permitiera la utilización de la pizarra digital para mostrar esas secuencias”.

Las instrucciones de las especialistas eran claras: pictogramas sencillos, con letras capitales, en fuente Arial, de color negro, y en un orden determinado. Siguiendo estas pautas, los alumnos, agrupados por parejas, debían desarrollar una secuencia y un juego. “Cogimos [los pictogramas] y fuimos programando cada uno de ellos con la secuencia que tenía que ser para que saliera en un orden determinado, al igual que los nombres”, explica Alejandro Blanco, alumno de 1º de ESO.

De esta manera, a la vez que trabajaban conceptos tan especializados como el desarrollo de bucles, los condicionales o las coordenadas, ayudaban a sus compañeros con problemas y a sus profesoras. Llevar a cabo este proyecto, con un objetivo y una aplicación concretos, suponía para ellos una motivación extra. Noelia Chakour, alumna de 1º de ESO, lo tiene claro: “Es bonito que podamos ayudar a niños con problemas”.

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