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Wert cerró el debate con las Consejerías de Educación sin llegar a un acuerdo

El encuentro entre el ministro José Ignacio Wert y los consejeros de educación de las autonomías para debatir el anteproyecto de Ley Orgánica para la Mejora de la ley de Calidad Educativa (LOMCE), se cerró, el pasado 16 de diciembre, sin llegar a consenso. Tras 3 horas de debate, 12 autonomías votaron a favor y el resto mostraron su disconformidad. El texto no se ha modificado respecto al borrador del pasado 4 de diciembre y algunas autonomías como País Vasco, Cataluña y Andalucía, se han posicionado en contra de varios puntos tal y como están redactados. El ministro reanudará el debate con las Consejerías a mediados de enero. 

La reforma introduce cambios significativos y está suscitando un intenso debate en la comunidad educativa. El ministro, José Ignacio Wert, pretende seguir tratando la propuesta durante este mes de diciembre con el objetivo de asegurar el acuerdo entre el Ministerio y las consejerías de educación.

Sea cual sea el resultado de la negociación, la reforma deberá pasarpor un proceso legislativo que terminará, en su caso, con la aprobación del Congreso de los Diputados. Es, por tanto, prematuro asegurar que las reformas contenidas en el borrador serán las que finalmente se acepten, pero conviene, en todo caso, conocer cuáles son los puntos clave de las reformas que se están proponiendo.

MÁSCAPACIDAD DE DECISIÓN PARA EL MINISTERIO

En primer lugar, según el borrador conocido, el Ministerio de Educación tendrá más capacidad para establecer los contenidos educativos de las comunidades autónomas. Hasta ahora tenían un control del 55% en las autonomías con lengua cooficial y del 65 % en el resto. La reforma propone aumentar el porcentaje en un 10 % en ambos casos, con lo que  pasarán a ser de un 65 % y un 75 % respectivamente.

NUEVA ORGANIZACIÓN DE LOS ESTUDIOS

El nuevo borrador también introduce modificaciones en la organización de los estudios. El anteproyecto propone que la Educación Secundaria Obligatoriase divida en dos ciclos, el primero de tres años, y el segundo de solo uno, que tendrá carácter preparativo.

Además, el anteproyecto introduce un nuevo curso para quienes no logren superar el primer ciclo o tengan dificultades especiales en el segundo, el denominado “programa de mejora del aprendizaje y el rendimiento”. Este curso irá dirigido a aquellos alumnos que “presenten dificultades generalizadas de aprendizaje no imputables a la falta de estudio”.

Tras cursar los dos ciclos, los estudiantes podrán encaminarse bien hacia el Bachillerato, bien a las “enseñanzas aplicadas”, siempre en función de su evaluación. Pero, de alguna manera, al seleccionar las optativas de 3º de ESO, y tal y como prevé la reforma, los estudiantes habrán seleccionado ya una de las dos opciones. De hecho, la nueva reforma sugiere cambiar la edad para decidir si estudiar Bachillerato o Formación profesional de los 16 alos 15 años. Es decir, adelanta un año la elección de los estudios futuros. Por otra parte,  la reforma incluye también cambios significativos en las asignaturas de diferentes ciclos y cursos. Materias como Lengua, Matemáticas y Ciencias naturales ganan fuerza ante las otras asignaturas. La asignatura de Educación para la Ciudadanía de Primaria será sustituida por Educación Cívica y Constitucional, y solo se impartirá en 2º de la ESO. Vuelve a reforzarse la opción entre la Religión, por un lado, y nuevas asignaturas centradas en valores éticos.

También se reforzarán los idiomas y habrá una mayor implantación de las tecnologías de la información y la comunicación.

Al mismo tiempo, el borrador de la reforma reduce a cuatro las modalidades dentro de Bachillerato: Ciencias, Humanidades, Artes y Ciencias Sociales.

EVALUACIONESY NUEVAS PRUEBAS

Por otra parte, la reforma se propone realizar pruebas finales al acabar cada etapa educativa. En Primaria, al finalizar sexto curso, se mantiene con carácter meramente orientador una evaluación sobre la adquisición de las competencias básicas. En la ESO, tras el primer ciclo, las administraciones llevarán a cabo una evaluación “mediante la realización de una prueba que tendrá como objetivo comprobar el grado de adquisición de las competencias básicas y los objetivos de la etapa”. Y, al finalizar el cuarto curso de la ESO, se establecerá otra prueba final, pero diferenciada en dos opciones: una, si el alumno opta por seguir cursando enseñanzas académicas, es decir, estudiar el Bachillerato; y la segunda, si el alumno opta por las nuevas “enseñanzas aplicadas”. Sendas pruebas dejan de ser orientadoras y su no superación puede determinar la imposibilidad de acceder a las enseñanzas solicitadas. En cualquier caso, para obtener el título de Graduado en Educación Secundaria Obligatoria será necesario superar una evaluación en la que las notas de las asignaturas cursadas contarán un 70% y la nota del examen final, un 30%.

También al final de Bachillerato se establecerá un nuevo examen. El resultado obtenido en este examen aportará un 40% por ciento de la nota de evaluación final, mientras que las notas obtenidas durante el Bachillerato aportarán un 60%.

LOS ASPECTOS MÁS POLÉMICOS

Los aspectos más polémicos contemplados en el nuevo borrador de la reforma son, sin embargo, los relacionados con la nueva optatividad de la asignatura de Religión, la supresión de la asignatura de Educación para la Ciudadanía, y las consecuencias que tendría la aplicación de la reforma sobre el modelo de inmersión lingüística del catalán aplicado en Cataluña.

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