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Mesas interactivas: aprendiendo matemáticas de forma colaborativa

El profesor crea un ejercicio en su mesa interactiva y luego lo envía al resto de pupitres multitáctiles, donde los alumnos, repartidos en grupos, lo resuelven. Más de 400 niños de ocho a diez años, procedentes de doce escuelas británicas, han experimentado esta nueva forma de aprendizaje como parte del proyecto SynergyNet. La investigación, desarrollada por la Universidad de Durham, ha durado tres años y ha servido para demostrar que el aprendizaje colaborativo aumenta la fluidez y la flexibilidad en las matemáticas.

Los pupitres cuentan con una pantalla en la que se proyectan ejercicios, textos o problemas matemáticos. Los niños que están a su alrededor pueden solucionar la tarea de manera conjunta, porque la mesa interactiva reconoce más de un dedo. Al mismo tiempo, el profesor puede ver en su mesa cómo está resolviendo el problema cada grupo e interactuar con él. Los pupitres, conectados mediante una red, también permiten que los profesores puedan compartir las tareas o enviar distintas actividades a cada grupo en función de su nivel. De este modo, el “profesor juega un papel fundamental”, señalan los investigadores, puesto que es él mismo quien adapta los ejercicios a cada grupo según su destreza. Los responsables del proyecto han elaborado un video que muestra el funcionamiento de los pupitres en clase.

Liz Burd, principal investigadora del proyecto, cuenta que el objetivo era “alentar a los estudiantes a niveles mucho más altos de participación, donde el conocimiento se obtiene a través del intercambio, la resolución de problemas y la creación, más que mediante la escucha pasiva”. El nuevo modelo de enseñanza propuesto a través del uso de estos pupitres permite que todos los alumnos tengan el mismo grado de participación, porque todos pueden tocar la pantalla para resolver los ejercicios. “Vimos que las mesas animaban a los estudiantes a colaborar de manera más eficaz. Nos quedamos encantados al observar cómo los grupos de alumnos mejoraban la comprensión de conceptos matemáticos. La colaboración no era la misma cuando los estudiantes trabajaban en papel.”

La investigadora Emma Mercier explica que “el aprendizaje cooperativo funciona muy bien en el nuevo modelo de clase, porque los alumnos interactúan y aprenden de una manera diferente”. Asegura que los niños disfrutan resolviendo los problemas matemáticos y que “es una decepción para todos cuanto toca apagar las pantallas”.

“Este tipo de tecnología tiene un enorme potencial para la enseñanza”, asegura el profesor Steve Higgins, que certifica que estas herramientas pueden “ayudar al profesor a gestionar y a organizar el aprendizaje del alumno y de los grupos de estudiantes para asegurar que todos están motivados y cuentan con el apoyo necesario para aprender de manera efectiva”.

El grupo de investigación sabe que una clase de estas características, hoy en día, se aleja de la realidad, porque el coste de los pupitres es elevado. Sin embargo, aseguran que, en solo tres años de investigación la tecnología ha mejorado y los costes se han reducido. Dicen que pueden ser las“clases del futuro”, no solo por la tecnología, sino también por el concepto. Tal como afirma Liz Burd, “dejar la tecnología en manos de los estudiantes puede cambiar la naturaleza de la educación en clase”.

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