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Lina Gálvez: Mujeres, TIC y redes sociales

Tradicionalmente, siempre se ha visto la tecnología como cosa de hombres. Se ha interpretado como algo natural que muchos hombres se entusiasmen desde pequeños con los aparatos y con todo aquello que requiere habilidades técnicas y predisposición hacia los componentes tecnológicos, sin tener en cuenta la educación y la socialización temprana diferenciada que los orienta a jugar y explorar con el mundo material y a las mujeres a cuidar de los demás y a sacrificarse.

¿ES DISCRIMINATORIA LA TECNOLOGÍA?

Por otro lado, si bien es cierto que la tecnología en sí misma no es discriminatoria, sí puede serlo su uso, promoción y, sobre todo, el resultado de su utilización según quién la use y para qué. Como dice Judy Wajcman, las revoluciones tecnológicas no crean sociedades nuevas, sino que cambian los términos en que se producen las relaciones sociales, políticas y económicas. Y es evidente que, puesto que cambian el modo de producir, cambian también a quien produce pues, como escribió Marx, “la producción no solo crea un objeto para el sujeto, sino un sujeto para el objeto”.

Por tanto, es conveniente preguntarse si el efecto de la revolución que vivimos desde hace años, y últimamente la de Internet y las nuevas redes sociales, genera espacios sociales de mayor inclusión para las mujeres o si, por el contrario, se ha convertido en una fuente de creciente desigualdad, lo que obliga a tener siempre presente quiénes son sus usuarios, para qué las usan y qué dinámicas desarrollan en estos nuevos ámbitos de acceso al conocimiento y de socialización.

TRES MANIFESTACIONES DE LA BRECHA DIGITAL DE GÉNERO

Así, todos los datos disponibles muestran que tanto en España como en todo el mundo existe una significativa brecha digital de género, que refleja indiscutiblemente no solo que los hombres realizan un mayor uso de las TIC, sino también que el uso que hacen y la utilidad que les proporcionan es igualmente muy diferente al de las mujeres.

De hecho, se considera que esa brecha tiene tres manifestaciones:

  • • Una primera es el mayor acceso a Internet de los hombres, que varía según los países y que en España se sitúa en nueve puntos por encima del correspondiente a las mujeres. 
  • • Una segunda relativa a su uso diferenciado. Los hombres se decantan por los contenidos y los usos más próximos al ocio y suelen ser más proclives a utilizar aparatos sofisticados, pero no siempre útiles, en contraste con las mujeres que, en consonancia con su rol genérico de cuidadoras, hacen un uso más funcional de la Red y suelen buscar y utilizar herramientas eficaces que les ofrezcan información útil y no les den problemas. 
  • • La tercera manifestación de esa brecha, que es la más profunda, tiene que ver con las actividades laborales relacionadas con los usos más avanzados de las TIC e Internet, como la compraventa de bienes y servicios, la producción propia de contenidos digitales o la descarga de software y de contenidos culturales. En este caso, el empleo de las mujeres suele darse en las actividades de intensidad tecnológica y digital más baja. En cuanto a los trabajos más relacionados con la informática, el porcentaje de mujeres es más elevado en los menos cualificados (más del 50 % son operadoras y administradoras de bases de datos), y menor del 10 % en los más cualificados (ingenieras informáticas y de telecomunicaciones). 

LAS MUJERES EN LAS REDES

Las diferencias de género entre mujeres y hombres, fruto de una socialización esteriotipada de diferentes oportunidades y expectativas, también se reflejan con gran nitidez en el uso de las redes sociales que presentan sus propias brechas. En algunas de las redes sociales más importantes del mundo, como Facebook, las mujeres son las principales usuarias. En el caso español, y según el estudio Las Redes Sociales en Internet (2011), elaborado por el Observatorio Nacional de las Telecomunicaciones y de la Sociedad de la Información, el porcentaje de mujeres activas en Facebook es del 81 %, frente a un 75 % de hombres. Y también es claro el uso diferenciado: las mujeres lo hacen en mayor medida para relacionarse con personas ya conocidas que para buscar nuevas amistades, que es el uso que predomina entre los hombres. Además, las mujeres son más activas en estas redes, pues escriben más en ellas como media, mientras que los hombres lo son en los foros, con un 31 % de participación frente a un 21 % en el caso de las mujeres.

En cualquier caso, no se puede olvidar que los efectos diferenciadores de las tecnologías no son siempre unívocos, sino que, por el contrario, suelen actuar en una especie de doble dirección. Internet y las redes, por ejemplo, han servido a un tiempo para que muchas mujeres se abran a espacioS de socialización cada vez más amplios, o para que muchas creadoras y empresarias puedan ampliar su proyección de mercado, pero también han propiciado la aparición de nuevas formas de sumisión y acoso a las mujeres. En 1972, Shulamith Firestone aventuraba en The Dialectic of Sex que la cibernética ofrecería la posibilidad de escapar de los confines del cuerpo llevando a la liberación de la humanidad de la tiranía de su biología, pero lo cierto es que su desarrollo nos ha llevado por derroteros bien distintos.

La realidad parece mostrarnos que los mundos virtuales no solo tienden a reproducir las lógicas discriminatorias efectivas, sino que, además, las exageran, convirtiéndose en espacios de “hipermasculinidad” e “hiperfeminidad”, en palabras de Erica Scharrer. Quizá porque no se ha podido evitar hasta ahora que, como dice Laura Martínez, las relaciones de poder genéricas del espacio offline se trasladen al online, pervirtiendo el ideal libertario que fue Internet en sus optimistas expectativas. La marginación sistemática en algunos casos o la presencia estereotipada de las mujeres en estas redes o grupos relevantes con agencia tecnológica están reproduciendo las relaciones genéricas de poder en las redes, e incluso la violencia de género  y el ciberacoso.

EDUCACIÓN EN VALORES PARA UNA SOCIEDAD MÁS IGUALITARIA

¿Qué solución podría darse a todo esto? Crear una sociedad de la información para todos y todas es un proceso complejo, en el que no es suficiente tener acceso a la red; son necesarios muchos otros cambios para que la gente adquiera la fluidez tecnológica, la confianza y la comodidad que permiten utilizar una herramienta tan poderosa en función de los intereses de cada uno y de cada una. En este sentido, es importante democratizar más la red para hacerla accesible no solo en términos de infraestructuras, sino de capacidad para utilizarla.

Y esos cambios pasan en gran medida por hacer sociedades más igualitarias a través de la transversalidad de género en las políticas públicas y, sobre todo, a través de una educación en valores de igualdad y respeto a las personas que incorporen de manera responsable, no segregada ni estereotipada, el uso de las TIC y las redes desde la infancia más temprana, para que finalmente puedan convertirse en el espacio generador de igualdad que ansiamos.

Parafraseando a Cecilia Castaño, “la calidad de una sociedad se puede medir por el trato que da a sus mujeres. Las mujeres son el camino por el que las sociedades adoptan de forma colectiva comportamientos racionales frente a los prejuicios atávicos. La alfabetización y educación femenina han sido la mejor herramienta para la modernización social. Si la sociedad de la información se construye sin las mujeres, se corre el riesgo de construirla a pesar de ellas y, por tanto, sobre fundamentos poco reales”.

Lina Gálvez , miembro del Consejo Asesor de aulaPlaneta.com

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3 Comentarios

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