Volver al listado

Cómo gestionar el aprendizaje del alumnado: coaching educativo

De un tiempo a esta parte, los coach o su actividad, el coaching, se han vuelto habituales en ámbitos tan diversos como el personal, el profesional, el social o, también, el educativo. Aunque, en el caso de su aplicación pedagógica, la habitual acepción de este término se ha visto absorbida por los cambios que la implementación de las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC) han supuesto para la profesión docente. Un nuevo paradigma que ha supuesto para muchos maestros dar un paso obligado desde su rol habitual de generadores de conocimiento en el aula hasta el de “content curators”, o gestores de contenidos disponibles en la Red, muy próximo en algunos aspectos al del “coach” que pueden ser reforzados por las posibilidades para el aprendizaje que ofrecen estas tecnologías. Pero antes de profundizar en las posibilidades de esta polémica práctica pedagógica, hagamos un poco de historia.

 

Una mirada al pasado sobre un nuevo concepto

Los primeros usos de esta palabra se remontan al siglo XVIII, en el Reino Unido, como parte del argot universitario en el que el coach era retratado como un profesor particular que ayudaba al estudiante con sus estudios. Aunque no fue hasta finales del siglo XX cuando, de la mano de los escritos de John Withmore, el coaching fue tratado como un nuevo ámbito de estudio primero en los EE.UU. y Canadá para, una vez comprobada su eficiencia en el campo empresarial, extenderse por el resto del mundo en sectores profesionales, y también personales, de lo más variopinto.

Pero pese a que su éxito se debe en gran parte a su popularidad en círculos empresariales, lo que aún provoca muchos de los recelos que despierta esta metodología, sus principios y mecanismos echan raíces en ámbitos como el pedagógico, el filosófico o el psicológico. Corrientes de pensamiento como el existencialismo y su visión del ser humano como criatura dueña de su propio destino, métodos educativos como el socrático, según fue recogido por Platón, que permite al estudiante objeto del coaching tomar las riendas de su propio aprendizaje a partir de cuestionarse sobre su situación, o teorías psicológicas como la constructivista, que considera que el aspecto cognitivo, emocional y social de todo ser humano es el resultado de su interacción con el entorno, son algunos de los pilares de esta actividad. Una metodología que también se vio muy influida por conceptos más históricamente más próximos en el tiempo como los de asesoramiento, empoderamiento y, sobre todo, por el controvertido concepto de programación neurolingüística (PNL) de John Grinder y Richard Bandler.

Bajo esta perspectiva, podemos establecer las siguientes características como indisociables del coaching: se considera la autonomía del sujeto o coachee base indispensable para su autoaprendizaje, es necesaria la existencia de una motivación que impulse el cambio deseado por el sujeto, debe considerarse el condicionamiento que la visión que el sujeto tiene del mundo ejerce sobre su conducta, así como la importancia fundamental que tiene la comunicación a lo largo de todo el proceso, ya que a través de la verbalización de objetivos y el cuestionamiento de su situación el sujeto se ve impelido a actuar.

 

Coaching educativo

Aunque, centrándonos en el ámbito educativo y pese a las múltiples definiciones del término a nivel general, entendemos el coaching aplicado pedagógicamente de cara al alumnado como un proceso interactivo y sistemático de aprendizaje y descubrimiento del potencial del individuo, que se centra en el momento presente para orientarse hacia un cambio marcado por la excelencia como resultado. Igualmente, su objetivo es el de desarrollar la autonomía del alumno como sujeto capaz de aprender por sí mismo y de hacerse responsable de los resultados de su proceso de aprendizaje. Lo que, a partir de esta definición más o menos consensuada, implica una serie de opciones que se diversifican dependiendo del papel del coach educativo respecto al aprendizaje del alumnado y a su relación con él.

El docente coach puede ejercer como maestro, como socio que comparte responsabilidades con el alumno, como investigador, espejo, profesor, guía o, también, como notario que estipula la normativa desde la que se considera la calidad de la evolución del estudiante. Según estos diferentes roles, compartimentados en teoría pero muy porosos en la práctica, el docente ejerce como coach en el aula a partir de una implementación más o menos general aplicable en todas estas variables, pero que siempre consta de dos pasos indispensables:

  • Preparación: el docente debe hacer uso de sus habilidades de observación sobre sus estudiantes, y hacerles una serie de preguntas sobre sus capacidades y competencias de aprendizaje, que pueden variar según la edad del alumnado. Comparando sus respuestas con lo observado por el docente, puede plantearse el desarrollo de las competencias que vea necesarias y los objetivos a conseguir.
  • Desarrollo: esta segunda fase ha sido abordada a lo largo de los años desde diferentes perspectivas, variables según la situación sobre la que se actúa. Preguntas al alumnado, análisis conjunto de lecturas recomendadas por el docente, ejemplificaciones y debates sobre situaciones reales de alto valor pedagógico, ejemplos metafóricos, líneas de tiempo que hagan al alumnado consciente de su proceso y cambio y, por último, mapas conceptuales que ayudan al estudiante a organizar sus ideas, estructurar su pensamiento y asimilar mejor su aprendizaje, son algunas de las estrategias más recurrentes.

Así, y pese a la amplitud de sus posibles aplicaciones pedagógicas, el diseño previo al proceso de coaching para el aprendizaje se orienta, generalmente, hacia la reflexión a través de la conversación, la retroalimentación discursiva entre alumnado y profesorado, la construcción común del proceso de aprendizaje de los alumnos y el apoyo emocional del estudiante.

Una metodología adoptada por muchos, creciente en sus recursos y apoyo gracias en parte al cambio de rol que las TIC han perfilado en el horizonte pedagógico de muchos docentes, y que si ya utilizáis en el aula esperamos que compartáis vuestras experiencias con todos nosotros.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *