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Las ocho claves del sistema educativo en Francia

Desde su instauración republicana, laica, pública y obligatoria durante el siglo XIX, la escuela francesa ha sido considerada uno de los puntales de la República de Francia, debido a su importante papel en la gestación de una conciencia nacional colectiva, o en la expansión del idioma francés en su vertiente más culta. Pero, a lo largo de su historia, la escuela francesa también ha sido el reflejo de la sociedad de la que se retroalimenta, de sus evoluciones, conflictos, tensiones y, también, de sus logros y asignaturas pendientes. Pero ¿Cuáles son sus características?

 

Las ocho claves de la educación francesa:

  • La educación es obligatoria y gratuita entre los 6 y los 16 años. Así, y tal y como promulga la Ley Debré desde su implementación el año 1959, tras los tres años de educación infantil optativa en l’École maternelle, todos los niños y niñas deben escolarizarse en l’École élémentaire para cursar los ciclos educativos comprendidos en este periodo formativo, que dura cinco años. A los once años de edad, el alumnado debe cursar sus estudios de secundaria, que a su vez se ven divididos en dos periodos. El primero, que se cursa en los llamados còlleges, ofrece una serie de contenidos troncales, básicos y obligatorios. Y durante el segundo periodo, impartido en los lycées, los alumnos pueden elegir entre un itinerario general u otro tecnológico. Su cumplimentación, y la aprobación de un examen específico, permite a los alumnos la obtención del título de bachiller, que permite el ingreso en la Universidad, en escuelas o institutos públicos que imparten estudios de hasta tres años de duración con una finalidad profesional o, también, en institutos de enseñanza general y tecnológicos, donde pueden aprender en secciones de técnico superior o cursos preparatorios para las llamadas “grandes escuelas”.
  • Los contenidos de las asignaturas son supervisados y aprobados por el estado, ya que las decisiones relativas a las políticas educativas francesas recaen sobre los Ministerios de Educación Nacional y de Enseñanza Superior e Investigación, así como a sus órganos asesores. A pesar de esto, el sistema educativo francés está bastante descentralizado en cuanto a gestión. La educación primaria, por ejemplo, corre a cargo de los municipios, y existe un segundo nivel administrativo, supeditado al de los ministerios, que está formado por las Académies, cuyo máximo responsable es el Recteur. En los centros educativos de cada una de estas tres demarcaciones o zonas, las figuras de autoridad son los Directeur en educación primaria, y Principal y Proviseur en secundaria, todos ellos con máximas competencias docentes y administrativas en sus respectivos centros.
  • Los resultados de la escuela francesa según el informe PISA la sitúan por encima de la media de los países de la OCDE. Según los datos obtenidos en el 2015 por este informe, el sistema educativo francés se encuentra dos puntos por encima de la media en competencias científicas, seis puntos por encima en lo que a comprensión lectora se refiere, y tres puntos en competencias matemáticas.
  • La escuela pública goza de una afluencia muy superior a la de la privada. La escuela francesa pública acoge aproximadamente un 80% de los alumnos en edad de escolarización obligatoria, mientras que el sector educativo privado, que pese a todo recibe algunas ayudas del estado para el desarrollo de la línea concertada de la educación francesa, escolariza al 20% restante.
  • Existen iniciativas para incrementar la futura integración laboral del alumnado. Desde la llamada Ley del 22 de julio de 2013, que promueve las prácticas obligatorias de aprendizajes en empresas para los estudiantes de secundaria superior, hasta la introducción del enfoque de emprendimiento en el currículo general, el sistema educativo francés busca garantizar un futuro laboral a su alumnado, conteniendo de paso el absentismo en las aulas.
  • La educación secundaria recibe el apoyo de centros de “educación prioritaria”, destinados a alumnos cuyo grado de indisciplina o falta de integración han llevado a las autoridades educativas a traspasar su formación a estos centros, que durante el curso 2016-2017 ya integraban al 20% del alumnado de secundaria.
  • La educación escolar de los recién llegados en edad de ser escolarizados está garantizada. Como también lo es, con resultados muy irregulares y no siempre logrados, para el propio país. Los hijos de estos recién llegados obtienen automáticamente el derecho (y la obligación) a una educación pública y, pese al ruido mediático al respecto, el porcentaje de inmigrantes de primera generación en las aulas francesas no alcanza el 10% del total del alumnado escolarizado en el país.
  • Algunos de los días de vacaciones escolares varían dependiendo de la zona en la que se encuentre la escuela. Tal y como se apuntaba en un punto anterior, el país queda dividido en tres zonas diferenciadas: la A, la B y la C, y cada una de ellas celebra algunas de sus vacaciones en periodos diferentes, para garantizar una mayor capacidad de maniobra a los padres. Es el caso de las vacaciones de invierno y primavera, aunque las de navidad, todos los santos y verano son celebradas al unísono por todos los centros del país.

 

Para saber más:

Sistema educativo de Francia.

Política educativa en perspectiva, de la OCDE.

Sistema educativo francés.

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