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Una serie y una peli que debes ver este verano

Otro de esos valores que se muestra tan necesario como cuestionado. Sus ramificaciones giran sobre diferentes aspectos que van desde la aplicación de la justicia en clase (y por extensión del castigo) hasta la importancia de educar en la idea de aquello que es justo pasando por la necesidad de formar al futuro ciudadano en este valor. Son muchas las preguntas que se pueden formular en torno a este valor. ¿Cómo aplicamos la justicia en el aula? ¿Debemos aplicar la misma justicia para todos? ¿Cómo podemos delimitar el ser justos del simple castigo? Estas preguntas muestran la importancia de este valor que también entronca con otro de suma importancia: el perdón. A modo de reflexión sobre la justicia (y por extensión sobre el perdón), os dejamos con estos materiales.

Una serie… Por trece razones

Sin lugar a duda, uno de los fenómenos seriéfilos del pasado año fue la serie Por trece razones. Basada en el libro de Jay Asher y producida por Selena Gómez, contribuyó a visibilizar varias problemáticas adolescentes al mismo tiempo que consiguió enganchar a multitud de espectadores gracias a su estructura narrativa. De hecho, pese a plantearse en origen como una única temporada, acabó siendo renovada para una segunda tanda de episodios.

Su inicio no puede ser más directo, nuestra protagonista (Hannah) se ha suicidado y deja a su amigo Tony una caja con cintas de cassette para que se encargue de hacerlas llegar a sus destinatarios. ¿Quiénes son estos destinatarios? Todos aquellos que directa o indirectamente han sido culpables del suicidio de Hannah. El encargado de averiguar qué ha sucedido será el otro protagonista de la serie, Clay. Todo ello, ambientado en el típico instituto estadounidense donde, como comprobaremos, se cuecen más cosas de las que padres y profesores son conscientes.

Tal y como decíamos antes, la estructura de la serie tuvo que ver y mucho en su éxito. Cada capítulo corresponde a una cinta que escucha Clay y al mismo tiempo, mediante flashbacks, asistimos a la historia de Hannah. Por ende, cada cinta también se corresponde con uno de los culpables de su suicidio. Poco a poco, todos los receptores de las cintas descubrirán qué hicieron y cómo contribuyeron al destino fatal de Hannah al mismo tiempo que descubrimos también sus propias vidas y miserias personalidades.

Esas cintas, pues, serán la forma en que Hannah querrá hacer justicia con aquellos que, de diferentes maneras, la empujaron a quitarse la vida. Y decimos diferentes maneras, porqué serán un cúmulo de situaciones: desde las típicas habladurías de instituto, hasta el bullying, pasando por la amistad no correspondida o, en última instancia, la violación. Es precisamente por visualizar dos gravísimas problemáticas por lo que la serie tuvo tanto éxito (y algo de polémica): el suicidio, uno de los mayores tabúes humanos, y la violación (y ya de paso, el abuso y el acoso) en un año plagado de productos culturales que podemos catalogar tan feministas como reivindicativos.

Es por impactar de lleno en temas espinosos de una forma elegante, por tratar indirectamente la educación emocional y en valores, por el sentido de la justicia de Hannah y por tratarse de un producto que profesores, adolescentes y padres deberían ver por lo que hemos escogido esta serie. Esperamos que le hagáis un hueco en vuestras vacaciones.

  • Para saber más:

Por qué padres y adolescentes deben ver…, artículo en El País.

 

Una película… La Clase

En 2008, esta modesta película de ajustado presupuesto se convirtió en uno de los éxitos más sorprendentes del año. Poco hacía sospechar que su sencillez expositiva, la naturalidad de sus interpretaciones y lo concreto del espacio en el que transcurre lo que se narra en esta película ambientada en las aulas de un instituto parisino fuese a tener tan buena acogida en los numerosos festivales cinematográficos por los que pasó o, posteriormente, en las salas en las que se proyectó. Aunque, quizás, el secreto de su éxito residió precisamente en esa capacidad de alcanzar lo universal a partir de lo íntimo y cotidiano, de diagnosticar el estado del sector educativo en muchas ciudades europeas a partir del retrato de un único cuerpo estudiantil y del día a día de uno de sus docentes, el esforzado profesor de lengua francesa François Bégaudeau.

Escritor y maestro tanto dentro como fuera de La clase, en la que se interpreta a sí mismo, Bégaudeau se decidió, dos años antes de la filmación de esta película dirigida por Laurent Cantet, a poner por escrito muchas de sus experiencias como maestro en un instituto de la capital francesa en un libro titulado Entre los muros. Un libro que, con sentido del humor y alergia al autobombo, trataba cuestiones como la multiculturalidad en las aulas, el cuestionamiento de la autoridad del profesorado y de la propia escuela como institución, o el declive de la cultura del esfuerzo en clase eran solo algunos de los temas candentes con los que Bégaudeau, al igual que tantos otros profesionales de la docencia, se enfrentaban cada día. Temas que podrían parecer de interés puramente educativo pero que, poco a poco, fueron encontrando un público ajeno a cualquier experiencia como docente con Entre los muros, hasta que la novela dio el salto a la gran pantalla y se hizo considerablemente popular. Una traslación que comenzó en plena gira de promoción de la cuarta incursión en el mundo literario de Begaudeau cuando el novelista conoció al que se convertiría en el director de La clase y co-adaptador de la novela original para la gran pantalla. Durante un programa radiofónico donde coincidieron escritor y realizador, Cantet se decidió a fusionar el material literario ofrecido por Bégadeau con un guión al que llevaba un tiempo dando vueltas, sobre un joven que era injustamente expulsado de su instituto, en París. Así se añadió a los conflictos planteados en la novela uno más, directamente relacionado con la justicia en el aula, y con las relaciones de poder que en ella se establecen entre maestros y alumnos.

El resultado, muy beneficiado por el grado de improvisación que se dio durante el rodaje en general y a un tono que jamás cede al derrotismo pero tampoco a la épica ni al melodrama, fue una película muy fresca que, además de ofrecer uno de los más fieles retratos de las rutinas de algunas aulas europeas que se han visto en una pantalla de cine en los últimos años, supone también una aguda visión de las dificultades que implica impartir justicia en un mundo, el de la educación, cuestionado por algunos de sus alumnos o, más constructivamente, por docentes como Bégaudeau y humanistas películas como La clase.

  • Para saber más:

La clase, en Educomunicación.

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