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Cómo predicar con el ejemplo | Ser Maestro

Valor de esforzada aplicación, tanto dentro como fuera del aula, la coherencia humana se define como una actitud lógica y consecuente con una posición anterior, práctica o teórica. O lo que suele ser lo mismo si nos ceñimos al territorio docente: a demostrar con hechos y acciones los contenidos teóricos que se transmiten en el aula y que muchas veces se traduce en un refuerzo de la autoridad del profesorado a ojos de sus alumnos. Aunque, como probablemente sabréis por vuestra propia experiencia, su aplicación no siempre resulta fácil ni tampoco cómoda, como podréis comprobar a través del siguiente libro y película desde los que os proponemos una reflexión sobre la necesidad de este valor, que sirve de base a la máxima educativa de predicar con el ejemplo.

Un libro… Que no muera la aspidistra

Escrita por el célebre periodista, escritor, ensayista y crítico George Orwell (1903-1950), autor de obras tan reconocidas como Homenaje a Cataluña, Rebelión en la granja o, la que casi con seguridad es la más famosa de todas ellas, 1984, Que no muera la aspidistra narra las desventuras de Gordon Comstock, un poeta dispuesto a llevar sus ideales vitales e ideológicos hasta sus últimas consecuencias. Unos principios cuya puesta en práctica lo llevan a rechazar una suculenta oferta laboral como publicista y, a partir de ahí, a caer en ambientes marginales, viéndose obligado a sobrevivir con un precario trabajo como librero con el que a duras penas puede cubrir el alquiler de una habitación en la que escribe sus poemas, y que no le alcanza para poder casarse con su novia Rosemary. Sacrificios que lo emparentan con su creador

Orwell, quien a su vez supo combinar, con mucho mayor éxito que el poeta Comstock, sus vivencias personales con su ética personal y su carrera profesional.

Nacido en los dominios del Imperio Británico, Orwell se enroló en la policía imperial británica en Birmania a los 19 años, ante la imposibilidad de su familia para pagar sus estudios en la exclusiva escuela Eton. Durante los seis años que pasó allí, Orwell participó directamente de las maneras del Imperio Británico, que quedaron reflejadas en libros como Los días de Birmania o Matar a un elefante desde los que se opuso a las políticas del sistema imperialista inglés. A su regreso a Inglaterra, Orwell trabajó como librero y maestro, para después irse a París espoleado por el sueño de convertirse en escritor, pese a que terminó lavando platos mientras en sus ratos libres escribía artículos de carácter social en revistas de extrema izquierda. Probablemente, la suma de todas estas experiencias llevó a Orwell a denunciar y plasmar las condiciones de vida del proletariado en obras como el ensayo en dos partes compuesto por El camino de Wigan Pier y Como mueren los pobres. Y, también, a poner en práctica su compromiso con un socialismo alérgico a todo tipo de totalitarismos yéndose a la Guerra Civil Española en calidad de periodista, y donde acabó enrolándose en el Partido Obrero de Unificación Marxista (POUM). Allí viviría la brutal represión orquestada desde el gobierno republicano y el Partido Comunista español contra el POUM y los anarquistas del CNT-FAI, culminando no solo la escritura del mentado Homenaje a Cataluña sino sus ideales antitotalitarios, independientemente de su color ideológico. Los mismos que alimentarían la fábula Rebelión en la granja o 1984 y que hicieron de Orwell un autor resistente por coherente, y que al igual que el protagonista de Que no muera la aspidistra conoció el abismo que separa el hecho de tener unos principios con su puesta en práctica.

Para saber más:

George Orwell, idealista y crítico, publicado en Ciudad de Libros y escrito por Roberto Breña.

Una película… El caso Winslow

Seguramente por estar basada en la obra homónima llevada a los escenarios por David Mamet (quien a su vez adaptó la escrita por el dramaturgo Terence Rattigan (1911-1977) que, rizando el rizo, se inspiró en un hecho real transcurrido en 1908 para llevar a cabo el libreto de su obra teatral El chico de los Winslow) la película El caso Winslow es una (otra) pieza de cámara de las muchas que componen la carrera cinematográfica de Mamet. Una obra filmada que gira, tal y como indica su título, alrededor de los Winslow, una pudiente familia inglesa de principios del siglo XX, que durante la navidad de 1911 se ve en la tesitura de enfrentarse a todo y todos para defender el honor de su más joven descendiente, que es expulsado de la Academia Naval de Ousbourne en la que cursa sus estudios tras ser acusado por un compañero del robo de un giro postal con cinco chelines. Un dilema que traspasa la legalidad en la que se basa esta acusación contra Ronnie (Guy Edwards), el benjamín de familia, para pasar al terreno de principios personales como el honor o la confianza.

Códigos éticos y vitales del patriarca enaltecidos de palabra por el cabeza de familia Arthur Winslow (Nigel Hawthorne) que, gracias al ejemplo que da con su aplicación práctica, se contagia al resto de sus familiares. Y es que Arthur es quien quizás mejor representa el valor de la coherencia, entendida como una mezcla de resistencia e idealismo, dentro de una ficción plagada de personajes que una y otra vez demuestran la necesidad de defender aquello que creen verdadero, independientemente del qué dirán o del efecto que los medios de comunicación puedan tener sobre la imagen pública de la familia. Luchas basadas en la coherencia personal muy similares a las que impulsaban a otros de los personajes de la carrera cinematográfica de Mamet, como el profesor John y su alumna Debra en Oleanna, comentada en el Ser maestro dedicado al valor de la igualdad, o el instructor jefe de una academia de lucha Mike Terry en Cinturón rojo… y que todas ellas suponen un elevado precio, económico y social en el caso del cabeza de familia de los Winslow, a pagar. Un sacrificio que muchas veces condena al aislamiento en un mundo en el que la coherencia solo parece sostenerse por no tener que ponerse a prueba, pero que también implica la recompensa de saber que se ha actuado correctamente sea cuál sea su coste, y que hace de la persona que la ejerce un modelo de conducta a seguir y respetar.

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