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La espiritualidad o cómo entender el mundo | Ser Maestro

Valor controvertido donde los haya dentro y fuera de la escuela, la espiritualidad es un valor que apela, por definición, a la naturaleza y condición de espiritual, pese a que en muchas ocasiones se ve reducido a su vertiente religiosa, provocando no pocas polémicas en el mundo educativo, causadas por su presencia o ausencia en el aula. Pero, sin dejar de tener en cuenta esta vertiente más institucional, por eclesiástica, y con la vista puesta en el más allá, la espiritualidad es también una forma de entender el mundo y nuestra vida en él que parte del modo en que se nos educa y educamos a aquellos que tenemos a nuestro cargo. Lo que, por otro lado, erige a este valor en protagonista de conflictos tan interesantes desde una perspectiva creativa y ética como los que podemos encontrar en la siguiente película y libro.

Una película… Silencio, de Martin Scorsese

La religión es una fuente de vida y sabiduría para todo creyente, independientemente de la fe que profese. Pero también puede ser motivo de dolor, sufrimiento y de muchos de los conflictos, algunos bélicos, otros de menor gravedad, que han tenido y tienen lugar en el mundo en el que vivimos. Basada en la novela homónima firmada por Shūsaku Endō en 1966, Silencio (SIlence, 2017), sobriamente dirigida por el mítico Martin Scorsese, reciente Premio Princesa de Asturias de las Artes, hinca el diente en esta violencia que trae consigo una determinada manera de entender y vivir la religión, situando la que por ahora es su última película en el Japón de mediados del siglo XVII, cuando en el país nipón la fe cristiana y su práctica estaba prohibida, y muchas veces penada con la muerte. Una persecución que se cierne sobre dos jóvenes jesuitas portugueses (interpretados por Andrew Garfield y Adam Driver), que deciden partir hacia suelo japonés a la búsqueda de su mentor, el Padre Ferreira (Liam Neeson), de quien se rumorea ha abandonado su fe y firmado un texto contra el cristianismo. Incapaces de asumir que aquel que les introdujo y fue su guía en el cristianismo sea ahora un traidor a su causa, ambos jóvenes sufren incontables obstáculos que ponen a prueba su fe en Ferreira, en la validez de sus enseñanzas y, por último, en su propia fe ante un mundo terriblemente violento en el que Dios guarda silencio ante el sufrimiento que se ceba tanto en ellos como en aquellos que se atreven a seguirles en su misión. Una muy interesante película que rastrea, una vez más en la carrera del católico Scorsese, los puntos de choque entre fe, identidad, redención y autoconocimiento, sumándole en esta ocasión una compleja relación entre alumnos y maestro, y entre la enseñanza de unos valores y la ocasional imposibilidad de demostrar su validez, vinculando la búsqueda de la fe con la de uno mismo.

Y una novela… La Ley del menor, de Ian McEwan

Desde una perspectiva más íntima, pero no por ello moralmente menos espinosa, el escritor Ian McEwan planteó, en su estupenda novela publicada en español en el año 2015 bajo el título de La Ley del menor: Adam Henry, un joven Testigo de Jehová de 17 años edad afectado de leucemia, se niega a recibir una transfusión de sangre que podría salvarle la vida porque ello supone una práctica inadmisible para sus creencias religiosas. Ante esta tesitura, que según algunos sería rápidamente reconducida para poner a salvo la vida del menor independientemente de si esta decisión entra en conflicto o no con su fe, el autor de Expiación (2001) o Chesil Beach (2007), propone un enfrentamiento dialéctico entre la jueza Fiona Maye, especializada en derechos familiares y se encargada de este caso, y Adam. Un diálogo que sembrado por las dudas de la jueza y la entereza del joven religioso, se dirime entre la aceptación de una decisión que, según el libro de McEwan, puede ser impuesta por un tribunal debido a la minoría de edad de la persona en riesgo de muerte, así como la asunción de que ésta tiene derecho a decidir sobre su propia vida. Porque, teniendo en cuenta la fortaleza de las creencias del joven, lúcido y capaz de asumir las fatales consecuencias que su fe puede tener en su salud ¿con qué derecho moral puede Fiona decidir sobre la identidad de Adam, filtrada a través de la fe religiosa? Un conflicto que, por una parte, parecería enfrentar razón y fe si no fuese por la mentada capacidad de Adam no solo para comprender su situación, si no también para explicar su fe a aquellos que le rodean sin compartirla pero que, en el fondo, pone en cuestión la capacidad (y el derecho) de los adultos para influir y decidir sobre aquellos que, familiar o legalmente, quedan bajo nuestra responsabilidad.

 

Para saber más:

Análisis de Silencio, en Miradas de Cine.

Artículo sobre La Ley del menor, por José Antonio Gurpegui y publicado en El Cultural.

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