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Como integrar la expresión plástica en cursos infantiles

La expresión plástica es, como su nombre indica, una forma de expresión basada en la combinación de diferentes técnicas que, a su vez, involucran una serie de materiales manipulables y que puede ser apreciada mediante los sentidos de la vista o el tacto. Una forma comunicativa que, en consecuencia, se expresa a través de elementos plásticos como el dibujo, el volumen o la forma que, desde una perspectiva pedagógica, favorece la creatividad, el desarrollo integral, la percepción o la autoestima de los que la ejercen.

Una formación para toda la vida

Esta es una de esas raras prácticas pedagógicas que, desde siempre, han podido llevarse a cabo dentro y fuera del aula. Pero, ante la posibilidad de que no todos obtengamos el grado de motivación necesario para desarrollar esta capacidad, podemos beneficiarnos de que su práctica pueda (y suela) darse fuera de la escuela, pero también dentro de espacios educativos, físicos o digitales, específicamente creados para satisfacer esa necesidad educativa vinculada a otras como la expresión audiovisual y cuyos beneficios podéis leer a continuación:

  • La educación plástica favorece el desarrollo de la creatividad y la imaginación de quien la ejerce.
  • La educación plástica promueve la comunicación con los demás, ya que facilita la expresión personal de quien la ejercita y, gracias a su plasmación física y tangible, puede ser recibida por otras personas.
  • Supone una interpretación de la realidad en la que se encuentra quien la ejercita, fortaleciendo el desarrollo cognitivo de esa persona y, si adquiere algo de distancia respecto a aquello que plasma plásticamente, también su sentido crítico.

Dada la relación que la expresión plástica guarda con el desarrollo cognitivo y psicomotriz de los que la ejercitan, el alcance de estos beneficios varía en intensidad a lo largo de nuestras vidas. Pero, a pesar de esta constancia, el auge y máxima importancia del desarrollo de esta capacidad expresiva se da durante los periodos comprendidos en la educación infantil y primaria, ya que ayuda a los niños y niñas a observar e interpretar su entorno, mejorar su expresividad, conocer su propio cuerpo, relacionarse con aquellos que le rodean o, incluso, ganar en autonomía. Entre los 2 y 4 años de edad, los seres humanos somos capaces de garabatear hasta, al final de esta etapa, conseguir dibujar formas más o menos reconocibles tanto para nosotros mismos como para los demás. A partir de entonces, y hasta los 6 años, aparece la intencionalidad y el desarrollo consciente del lenguaje expresivo plástico aunque sea desde una perspectiva esquemática. Y desde ese momento, aparece el llamado realismo gráfico que relaciona lo expresado plásticamente con la realidad de su creador.

El docente y la expresión plástica infantil

Popularmente, esta metodología educativa suele vincularse con la educación artística pero, al menos en la escolarización infantil, lo más importante no es tanto el resultado como el proceso que permite a los niños y niñas el desarrollo de las aptitudes comentadas anteriormente. Precisamente por eso, resulta harto recomendable que el uso de la técnica en la educación plástica está supeditada al placer de crear y de expresarse del alumnado infantil. Lo que implica que el papel del docente responda a los principios que podréis leer a continuación:

  • El docente es aquí un observador, y no debe coartar la creatividad del niño. Lo contrario podría poner límites a una capacidad expresiva, la de los niños y niñas a su cargo, que aún se encuentra en construcción.
  • Por el mismo motivo, juzgar los resultados finales de la expresión plástica puede desmotivar a los alumnos, por lo que la actitud del profesorado debe ser la de halagar el esfuerzo y, si fuese necesario, reconducir de forma inadvertida lo que se considere inadecuado por motivos de edad y correspondiente desarrollo cognitivo. En este sentido, os recomendamos que no os deshagáis de ninguna de las obras de vuestros alumnos, permitidles verlas, valorarlas, y en el caso de que se crean que pueden mejorar lo presente, intentar superarse en el futuro.
  • En el caso de que el ejercicio sea dirigido por el profesorado, con la intención de reforzar una o más habilidades del alumnado, las instrucciones que se den deben ser claras y sencillas, con el objetivo de que los niños y niñas sepan lo que se espera de ellos y ellas.
  • Para evitar que estos ejercicios sean vistos como una obligación, y por lo tanto coarten el placentero sentimiento de libertad que suelen producir en el alumnado, se recomienda que el límite a la duración de estos ejercicios sea el final de la clase en la que se lleve a cabo esta expresión plástica. Una forma de conseguirlo, y de poder combinarlo con otras actividades en el aula, es la de reservar el tramo final de la clase en cuestión para la expresión plástica.
  • En lo posible, resulta muy recomendable que se expongan estas actividades en el aula o la escuela en general, ya que completa el ciclo comunicativo iniciado con la expresión plástica llevada a cabo con los alumnos, alimenta el gusto estético del alumnado en general y su sentido crítico y, además, fortalece su autoestima.

 

¿Ejercitáis la expresión plástica en vuestras clases? ¿Qué influencia tiene su puesta en práctica sobre vuestro alumnado? Esperamos que compartáis con nosotros vuestras experiencias e impresiones, así como este artículo con todos vuestros contactos.

 

Para saber más:

Fragmento: Educación plástica en la escuela, por Mariana Sprakvin.

Artículo: Tocar el arte. Educación plástica en infantil, primaria y…, por Ghislaine Bellocq y María José Gil Díaz.

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