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¿Cómo educar en códigos de conducta? | Ser Maestro

En su acepción más extendida, la civilidad es un valor referido a la sociabilidad o a la urbanidad de las personas. Lo que indefectiblemente la vincula a códigos de conducta, que, a su vez, se vinculan a una cultura o forma de entender el mundo y las relaciones muy determinada, o de formas de entender lo que significa ser un ciudadano. Un valor, pues, tan importante como aparentemente difícil de enseñar y practicar pese a que, desde una perspectiva educativa, se aprende a diario tanto dentro como fuera de la escuela. Lo que hace de la tenacidad un valor que merece una reflexión alrededor de su validez, y posible cuestionamiento, a través de la película y el libro que os apuntamos a continuación.

Una película… El pequeño salvaje, de François Truffaut

En 1790, en Averyon, en Francia, fue encontrado un niño, al que posteriormente se le atribuyeron alrededor de 12 años de edad, en un estado próximo al salvajismo tras haber pasado su vida viviendo presuntamente solo en una zona boscosa. Bautizado como Victor de Aveyron, el niño paso a disposición del médico Jean Itard, que ejerció de cuidador, biógrafo y, también, maestro. Un rol, este último, que convirtió a Itard en el de agente civilizador de un joven que, por los motivos recién comentados, carecía de toda educación que pudiese integrarlo en la sociedad y que se convirtió en el tema central de esta película dirigida por François Truffaut en 1970. En ella, y a través de un distante blanco y negro fotografiado por el mítico Néstor Almendros, Truffaut nos muestra como Itard (interpretado por el propio director) se las ve y las desea para hacer del joven de Averyon (Jean-Pierre Cargol) un hombre hecho y derecho según los cánones ilustrados propios de finales del siglo XVIII. Lo que, por un lado, permite a Truffaut ofrecer una mirada casi clínica de los avances del joven ante las diferentes pruebas a las que le someten Itard y sus ayudantes pero, por el otro y a modo de contraposición, exponer el que muchas de estas pruebas son hechas contra la voluntad del propio Victor de Averyon y como, poco a poco, éste va perdiendo su inicial (y salvaje) inocencia dando paso a una mirada más civilizada de las cosas, que le permite tomar distancia de los que le rodean y también de sus propios aprendizajes.

Factores que plantean un enfrentamiento entre dos formas de comprender la libertad sobre las que la película, gracias a su frialdad tonal, no toma ningún partido: por una parte, la libertad entendida como un hábitat natural del ser humano, de la que somos arrancados por una civilización que nos ordena y/o adocena con el Orden social imperante a través de la escolarización, y, por la otra, la libertad entendida como sinónimo de civilidad, que nos capacita para cuestionar nuestro lugar en la naturaleza y en la sociedad ¿En cuál de las dos posturas situarse? Es en esta cuestión, sin resolver en el desarrollo de esta película de François Truffaut, donde El pequeño salvaje aporta un rico debate sobre este valor y su rol pedagógico.

 

Un libro… Desobediencia civil, de Henry David Thoreau

Entre los años 1846 y 1848 tuvo lugar la Guerra entre los EE.UU. y Méjico, provocada por la creación de la República de Tejas (previa separación del estado mejicano de Cohauila y Tejas), la demanda de una compensación económica por parte de los EE.UU. por los daños causados en el estado de Tejas durante su Guerra de Independencia o la entrada de tropas estadounidenses entre los ríos Bravo y Nueces. Un polémico conflicto que, lógicamente, contó con opositores fuera de la nación estadounidense pero, también y como en el caso del escritor Henry David Thoreau (1817-1862), también dentro de sus fronteras. Y es que el célebre autor de Walden abogó por protestar contra la beligerante actitud del estado americano, al que consideraba esclavista y tiránico por su expansionismo, negándose a pagar sus impuestos como ciudadano. Una acción que le supuso ingresar en prisión de Concord y, así, obtener la autoridad moral suficiente como para impartir una conferencia alrededor del concepto de desobediencia civil, que fue publicada en el año 1848, y en la que desgranaba los motivos que le impulsaron a tomar esta decisión pese a conocer las consecuencias legales que podían derivarse de ella.

Una serie de ideas que, gracias a la capacidad de difusión permitida por el auge de la imprenta y, a día de hoy, por Internet y las Tecnologías de la Información y la Comunicación, encontraron sus más reputados portavoces en personajes históricos del calado de Mahatma Gandhi (1869-1948) o Martin Luther King (1929-1968) y sus respectivas apuestas por la resistencia ante la injusticia. Lo que convirtió a este libro, y su cuestionamiento sobre las supuestas bondades de una civilidad que se sitúa por encima de otros valores, como los de la justicia, en todo un clásico del pensamiento crítico.

 

Para saber más:

Fragmento: Mi favorito de todos los tiempos (pasados) El pequeño salvaje, por José Angel Garrido.

Fragmento: Del deber de la desobediencia civil, de Henry David Thoreau.

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