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La importancia del juego: una práctica en declive

Desde este mismo espacio, muchas veces hemos puesto en valor la importancia del juego para la formación de cualquier persona. Posts sobre la Gamificación, el Aprendizaje a través del juego o sobre videojuegos en el aula entre muchos, muchos otros, son solo una muestra del espacio deparado a una visión educativa de esta actividad humana tan importante como placentera y sus derivados pedagógicos. Pero será en este último aspecto, el del placer que se desprende del acto de jugar, en el que nos centraremos en esta ocasión. Os preguntaréis por qué.

Jugar: un placer en declive

El juego es un acto espontáneo y libre, que crea un espacio no necesariamente físico pero que funciona acorde a unas reglas que no tienen validez fuera de él, y sobre todo, es un ato voluntario, no obligatorio, y placentero. Lo que aparentemente lo hace poco útil para la supervivencia, o poco útil en general, pero que sin embargo resulta fundamental para la cohesión social de especies mamíferas como, por ejemplo, los seres humanos. Impulsa la cooperación entre sus miembros, estructura socialmente, implica un aprendizaje experimental constante, incentiva la creatividad y, repetimos, es por encima de cualquier otro aspecto una fuente de disfrute para aquellos y aquellas que se enfrascan en un juego. Quizás por eso, y en un instante en el que todo parece tener un valor si tiene alguna utilidad, han empezado a sonar algunas señales de alarma que indican que las horas dedicadas a jugar, sin otro objeto que el de disfrutar el juego en sí mismo considerado, no solo han desaparecido prácticamente en la edad adulta, si no que están empezando a disminuir aceleradamente durante la infancia. O así lo determinó, en el año 2016, un estudio realizado por Edelman Intelligence para la compañía Unilever, y que llevaba por título Ensuciarse es bueno. Tras una investigación hecha a familias con niños de entre 5 y 12 años de edad, este estudio concluyó que el 49% de los niños de las 1029 familias españolas participantes jugaban menos de una hora al día al aire libre. Lo que implica, atención, que pasan menos tiempo al aire libre por día que un preso de alta seguridad. Una situación vista con preocupación por los padres y madres de estos niños y niñas, ya que en el 97% estaban de acuerdo en que el juego al aire libre era una actividad beneficiosa para sus pequeños, pero sin embargo argumentaban dificultades para conciliar su vida laboral con la familiar, un exceso de actividades extraescolares que dejan poco o nada de tiempo para la improvisación y el disfrute, o al hecho de que pese a que estos infantes sí juegan, suelen hacerlo frente a una pantalla, a través de la videoconsola.

Juegos de niños, responsabilidades de adultos

Pero, dicho esto ¿tan grave es que muchos niños y niñas hayan dejado de lado juegos más o menos experienciales abrazando en cambio, y casi en exclusiva, el más sedentario y virtual videojuego? Analicemos que beneficios comparten estas dos formas de juego que tantas veces se plantean de forma contrapuesta:

  • Aunque pueda parecer una obviedad, el placer de jugar hace que una vida con juego sea una vida mejor. Y cuando es físico, y a través de actividades como ensuciarse, el placer que produce intervenir de forma directa en la realidad acentúa esta sensación.
  • Estimula la imaginación y la creatividad de los jugadores, a través del seguimiento de las normas que solo tienen lugar en la realidad acotada del juego pero que obligan a funcionar acorde a ellas como si su transgresión tuviese repercusiones en el mundo real. Igualmente, promueve la imitación de modelos ajenos promoviendo la inserción cultural de sus jugadores, especialmente los más pequeños.
  • En este mismo sentido, favorece el posicionamiento moral de los jugadores ante las exigencias del juego, lo que obliga a sus jugadores a adquirir responsabilidades por sus acciones.
  • Es una forma de expresión sentimental, permitiendo desarrollar los sentimientos positivos y también los negativos de forma controlada.

Ahora bien ¿cuáles son las cualidades específicas de los juegos que no podemos clasificar como videojuegos?:

  • Promueve el desarrollo psicomotriz de sus jugadores, lo que resulta de especial importancia en edades muy tempranas. Así, los llamados juegos de movimiento suponen un gran entrenamiento para todo lo referido a la coordinación, el equilibrio o la orientación espacio-temporal.
  • Vinculado a lo anterior, en muchas ocasiones promueve el ejercicio físico, lo que no es baladí si tenemos en cuenta que se recomienda al menos una hora de actividad física al día para los niños y niñas y de media hora para los adultos.
  • En juegos de mesa, que no requieren de una gran energía física para llevarse a cabo, el desarrollo de la inteligencia, la sociabilidad y la psicomotricidad resultan de especial importancia.
  • Permite un grado de socialización que, por su presencialidad, resulta mucho más rico que en el caso de los videojuegos, ni que sea cuando se encuentran conectados en red. En este sentido, es importante el juego entre niños y niñas en ausencia de adultos ya que beneficia su capacidad para tolerar la frustración, y para negociar o seguir las normas acordadas con otros.

Una serie de beneficios que desbordan necesidades educativas regladas para abarcar al desarrollo humano en su conjunto, y cuya puesta en duda de un tiempo a esta parte por cuestiones utilitaristas nos obliga a reflexionar sobre el lugar que deberían ocupar no solo en la vida de niños y niñas si no, también, en la de los adultos.

¿Promovéis el juego en el aula? ¿Y fuera de ella? ¿Por qué pensáis que el juego experiencial ha caído en desuso en los últimos tiempos? ¿Y cómo podría recuperar el espacio perdido? Compartid vuestras impresiones con todos nosotros así como este post con todos vuestros contactos.

Para saber más:

Artículo: El placer y el displacer en el juego infantil, por Javier Abad Molina.

Artículo: Jugar, una necesidad y un derecho, por Imma Marín.

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