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Por qué es importante potenciar la creatividad | Ser maestro

Valor que, valga la redundancia, resulta especialmente valioso tanto dentro como fuera del aula, entendemos la creatividad como la capacidad para generar ideas nuevas (generalmente a partir de la asociación de otras ya existentes) y obtener soluciones originales gracias al uso de la imaginación. Una capacidad humana universal, que ni siquiera los múltiples y poderosos avances en el campo de la tecnología y la informática han logrado, al menor por ahora, alcanzar, y que por tanto sigue siendo única en sus posibilidades y resultados. Además de ser de vital importancia dentro del campo del estudio y la pedagogía no solo -que también- como solución a los diferentes problemas que puedan plantearse en un aula, si no, como se ejemplifica en las siguientes película y libro, como una competencia transversal que conforma nuestra forma de ser y también como nos relacionamos con los demás.

Una película… Big Fish, de Tim Burton        

Edward Bloom (interpretado por el recientemente fallecido Albert Finney, y también por Ewan McGregor en los recuerdos del primero) es un hombre cualquiera con una imaginación sin igual, que se convierte en el protagonista de incontables historias llenas de fantasía con las que entretiene y maravilla a amigos, familiares y conocidos. Pero su incapacidad para asumir la realidad, retorcida y filtrada a placer en cada uno de sus relatos, es rechazada por su hijo Will (Billy Crudup) cuando un buen día descubre que desconoce por completo quien es realmente su padre, sepultado como está bajo una montaña de historias sobre su vida que le impiden mostrarse a los demás tal y como el joven cree que es. A partir de este punto de partida, a caballo entre el melodrama familiar y la compilación de relatos cortos blancamente fantásticos, el célebre Tim Burton encaraba en 2003 Big Fish, a modo de duelo cinematográfico por la defunción de su padre durante el rodaje de su anterior película, el remake homónimo de El planeta de los simios de 1968, poniendo sobre la palestra las dificultades que todo hijo o hija pueda tener para conocer realmente a sus progenitores… y la casi necesidad del ser humano de crear como una forma de conformar nuestra identidad y también nuestras ilusiones y vínculos con los que nos rodean. Una película más emotiva que el original literario escrito por Daniel Wallace que le sirve de inspiración, y también más contenida de lo habitual en los requiebros visuales que hicieron de su máximo responsable uno de los creadores de formas más influyentes de finales del siglo XX, pero que en cualquier caso reflexiona sobre la importancia de la existencia de historias y narrativas que justifiquen nuestros roles como hijos y padres o también como maestros tan encantadores como narcisistas y pupilos amargos e insatisfechos que deberán aprender a crear para continuar con sus vidas.

Un libro… Solaris, de Stanislav Lem

Considerada la obra maestra de una carrera literaria plagada de numerosas candidatas a asumir ese honroso título, Solaris, escrita por Stanislaw Lem (1921-2006), es, en cualquier caso y sin lugar a dudas, la obra más popular del novelista polaco, probablemente debido al éxito de dos de las tres adaptaciones cinematográficas de las que gozó de la mano de Andréi Tarkovski en 1968 y posteriormente de Steven Soderbergh en 2002. Aunque, quizás debido a las meticulosas descripciones que trufan el original literario, ninguna de ellas esté a la altura de lo ofrecido por esta novela publicada en 1961, que comienza con la llegada del psicólogo Kris Kelvin a Solaris con la intención de estudiar la extraña conducta que parece haberse apoderado de los tres únicos habitantes de la estación espacial que orbita alrededor de este planeta, y en la que poco a poco van introduciéndose, como es habitual en la literatura de Lem, elementos propios de la filosofía y la antropología. Ya que la inicialmente rutinaria visita de Kelvin al astro, abrazado por dos soles y formado exclusivamente por un inabarcable océano presumiblemente inteligente, da un inesperado vuelco cuando la mujer del protagonista aparece en la estación, pese a haber muerto suicidándose años antes. Un acontecimiento intrínsecamente relacionado con los demonios internos de Kelvin, y con las capacidades de Solaris para reconstruir y dar vida a las fantasías de sus visitantes, que convierten el periplo del psicólogo en una inmersión en sus limitadas capacidades y responsabilidades personales ante un planeta, Solaris, con el que intenta comunicarse una y otra vez echando mano de su pensamiento lógico. Lo que, además de resultar aparentemente insuficiente para el cumplimiento de su nueva misión frente a las mayores posibilidades del pensamiento creativo, se rebela en su contra con las continuas visitas de sus recuerdos, filtrados por el paso del tiempo y sus emociones, que cobran vida e intentan averiguar sobre su identidad pidiéndole explicaciones.

Para saber más:

Vídeo: Entrevista a Tim Burton, Ewan McGregor y Billy Crudup sobre Big Fish (VO).

Vídeo: Stanislaw Lem: Futurología para naufragos, conferencia por Salvador Bayarri. Texto: El artista enamorado: Metodología de inmersión en el proceso creativo, por Alicia Jiménez Sánchez.

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