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Inteligencia Artificial y docencia: ¿Una obligatoria convivencia?

Entendemos por inteligencia la capacidad para comprender y/o solucionar problemas, o como sinónimo de conocimiento. Una cualidad que no es exclusiva del ser humano pese a que habitualmente se considera que somos la especie que más y mejor puede desarrollarla… o así ha sido hasta la irrupción de lo que conocemos, muchas veces a partir de prejuicios y información de relativa credibilidad, como Inteligencia Artificial (IA). Término que parte de una definición muy diferente a la que se le atribuye a la inteligencia orgánica y que, en puridad, hace referencia a una disciplina científica dedicada a la creación de programas informáticos que son capaces de ejecutar operaciones, como el aprendizaje o el razonamiento lógico, con un grado de complejidad comparable al de la mente humana. Su aplicación en diferentes aspectos de nuestras vidas ha venido acompañada, desde sus primeras aplicaciones teóricas más o menos oficiales en la década de los 50 del siglo pasado, por un cierto recelo hacia las posibilidades de la IA como sustitutivo de la inteligencia humana. Lo que se ha visto acentuado en los últimos años después de que en el 2014 un ordenador consiguiese superar por primera vez el Test de Turing, utilizado para distinguir infaliblemente hasta ese momento la inteligencia humana de la artificial, pero que no han logrado el contener de la creciente utilización de la IA en diferentes áreas del conocimiento como, por ejemplo, la educación.

Inteligencia educativa

Si no hay IA en ausencia de Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC) como, por ejemplo, ordenadores, tabletas o teléfonos móviles de entre todos los dispositivos tecnológicos de los que disponemos hoy, podríamos afirmar que no existe una formación gestionada a través de una IA si no hay una educación que pase por un filtro digital. Lo que explica su auge dentro del campo de la educación de la mano del e-learning, necesariamente mediada por las TIC para poder ofrecer una formación a distancia. Lo que, a su vez, en muchas ocasiones implica procesos de enseñanza basados en un sistema de aprendizaje adaptativo que se ha erigido en la aplicación más habitual de la IA en entornos pedagógicos. El aprendizaje adaptativo echa mano de algoritmos para personalizar el aprendizaje del alumnado que recibe una formación a través de las TIC, ofreciéndoles así un itinerario adaptado a sus necesidades específicas, detectando sus fortalezas y sus debilidades educativas para reforzar estas últimas. Pero el aprendizaje adaptativo que se deriva de las llamadas tutorías inteligentes no es la única de sus posibles aplicaciones en el aula. Como ya os comentamos en otro post, la IA también suele ser utilizada con finalidades pedagógicas a través de la robótica o la creación de micromundos, entornos informáticos que ofrecen a sus usuarios la posibilidad de desarrollar una serie de alfabetizaciones, competencias y conocimientos como, por ejemplo, los relacionados con las matemáticas.

Inteligencia docente

Pero, como es lógico, uno de los mayores recelos que despierta la introducción y uso de las TIC en terreno educativo se da entre el profesorado. Y es que ¿qué lugar ocupáis los y las docentes en un entorno mediado por la IA, capaz por sí misma de conocer y adaptarse a las necesidades formativas de vuestros estudiantes y de dar respuesta a muchas de sus dudas gracias a su conexión con una fuente de datos tan vasta como la Red de Internet? A modo de tranquilizador, y realista, epílogo, os recordamos algunas de vuestras funciones que no sólo sobrevivirán a la convivencia de vuestra labor con las capacidades de la IA, sino que posiblemente se verán potenciadas por la utilización de esta inteligencia digital:

  • Pese a gozar del inabarcable caudal de información propio de Internet, la IA extrae datos para adaptarlos a las necesidades del alumnado pero no, o aún no, es capaz de transmitir conocimiento, entendido como algo diferente a la mera recolección de datos. Lo que sí puede hacer un ser humano y, más concretamente, un maestro.
  • En ese mismo sentido, la IA es capaz de ofrecer un aprendizaje adaptativo para cada estudiante, que queda así situado en el centro de su propia formación pero huérfano de un diálogo real provisto de contradicciones que, al menos de momento, puede ofrecerle un docente que parta de una existencia ajena a la de su alumno. Lo que no ocurre con la IA, que muchas veces es víctima de los límites de sus funciones educativas y termina por ofrecer un menos productivo monólogo al estudiante.
  • Y, por último, la IA es capaz de hacer mucho y en muy poco tiempo pero en lo que respecta a la creatividad, ésta sigue siendo una parcela que todavía está a recaudo de la inteligencia orgánica. O, como suele decirse, por el momento los avances de la técnica todavía no han logrado el grado de creatividad necesario para generar un buen contenido.

¿Utilizáis alguna de las posibles aplicaciones educativas de la IA en vuestra actividad docente? ¿En qué ha cambiado vuestra forma de ejercer la profesión? Compartid vuestras impresiones con todos nosotros así como este post con vuestros contactos.

Para saber más:

Monográfico: Técnicas de la Inteligencia Artificial aplicadas a la Educación, coordinado por Eduardo M. Sánchez Vila y Manuel Lama Penín.

Video: Inteligencia Artificial: cómo cambiará el mundo y tu vida.

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