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Ser maestro: la importancia de una buena comunicación

Entre sus muchas posibles acepciones, entendemos la comunicación como el trato o correspondencia entre dos o más personas. Un acto socializador sin el cual la vida en común es prácticamente una quimera, cuando no directamente un imposible. Y, también, una acción pedagógica imprescindible para que el proceso de enseñanza y aprendizaje se produzca de forma eficaz, ya sea dentro del aula como fuera de ella, desde la proximidad que otorgan las clases presenciales o la distancia propia del e-learning y la lectura tradicional. Pero su importancia pedagógica no esquiva la existencia de grados. Es decir, de una buena o mala comunicación, cuyos respectivos efectos pueden ser tan beneficiosos como, en el peor de los casos, catastróficos para los aprendices y su proceso educativo. Una de cal y una de arena que os ilustraremos en los siguientes película y libro, y que versan sobre los efectos que una buena comunicación supone para quienes la reciben y, también, para quienes la llevan a cabo.

 

Una película… El discurso del Rey, de Tom Hooper

El discurso del Rey gira en torno a la vida del Duque Jorge de York (1895-1952), segundo hijo del rey Jorge V y la reina María, que heredó el trono del Reino Unido y sus dominios de ultramar en 1936, después de que su hermano mayor, Eduardo VII, abdicase la corona en él y lo convirtiera así en Jorge VI. Una figura histórica sobre la que el director Tom Hooper y el guionista David Seidler ponen la lupa no tanto en su importancia para el desarrollo de la historia del Reino Unido y de Europa, sumidos en la Segunda Guerra Mundial durante el periodo reflejado en la película, como en su vida privada y, más concretamente, en la tartamudez que acompañó y acomplejó al monarca durante gran parte de su vida. Partiendo de este elemento, David Seidler (también tartamudo durante su infancia) escribió esta historia de superación personal cuyo protagonismo, pese a centrarse en el monarca (interpretado por Colin Firth) y sus dificultades para hablar con soltura, se repartió con su fonoaudiólogo, Lionel Logue (Geoffrey Rush) y, en menor medida, su esposa, la también reina del Reino Unido Isabel Bowes Lion (Helena Bonham Carter). El resultado, pasado por el tamiz audiovisual de un Hooper que gozó de la colaboración de profesionales de la talla del compositor Alexander Desplat o del director de fotografía Danny Cohen, fue un éxito tanto de taquilla como de crítica, que se rindieron ante esta oscarizada película sobre cómo una buena oratoria en el momento justo -concretamente, durante la declaración de guerra del Reino Unido a la Alemania nazi en 1939- puede marcar la diferencia entre una mera enunciación y un discurso, real o no, capaz de transmitir un mensaje a sus oyentes hasta las últimas consecuencias.

 

Y un libro… El alumno Gerber, de Friedrich Torberg

Kurt Gerber es uno de los muchos estudiantes de su curso que asisten a las clases de matemáticas con una terrible aprensión. A causa de los reproches y las brutales reprimendas que sufren, a otros alumnos de la escuela les ocurre algo parecido con otras de sus asignaturas obligatorias. Ocurre que Gerber, como le ocurrió al escritor Friedrich Torberg, pertenece a esa generación de estudiantes que asimilaron sus aprendizajes a partir de la máxima de que la letra con sangre entra. Así, las desventuras de este joven vienés que intenta conjugar sus ambiciones como autor literario, su amor por Lisa y el rechazo por unas instituciones educativas que parecen existir solo para hacerle la vida imposible, están basadas en los propios recuerdos de adolescencia de su autor, quien en 1929, a los veintiún años, supo del suicidio, en el plazo de una semana, de diez estudiantes austríacos incapaces de resistir la presión y el desprecio al que se veían sometidos por sus profesores. Este trágico suceso marcó la vida de Torberg y sirvió de base para El alumno Gerber, considerado uno de los más fríos y duros retratos de una realidad educativa más o menos habitual en el pasado (y que esperamos extinta), así como una de las cumbres de la obra de su autor. Una novela que os aconsejamos por su calidad y, también, porque pone el foco en el poder comunicativo que tenemos los docentes sobre nuestro alumnado y en la capacidad de herir los sentimientos que una palabra mal dicha en un mal momento puede tener en el otro, en especial en alumnos cuyas edad puede hacerlos, a veces, más vulnerables de lo que aparentan.

 

Para saber más:

Artículo: Comunicación didáctica del docente universitario en entornos presenciales y virtuales, por María Jesús Gallego Arrufat.

Artículo: El alumno Gerber (Viena, 1929): Algo más que una novela escolar,  por Cercós Raich.

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