Volver al listado

Beneficia el aprendizaje de tus alumnos redistribuyendo tu aula

En la entrevista a Xavier López publicada recientemente en este espacio, el director de la escuela Octavio Paz (que hace bien poco se aupó con el Premio Ensenyament 2019) nos comentaba la importancia que una adecuada distribución espacial tiene sobre el proceso de aprendizaje del alumnado. Una afirmación que entroncaba con visiones pedagógicas consideradas hasta no hace demasiado como heterodoxas, pero que poco a poco van adquiriendo un mayor protagonismo en centros educativos de todo tipo, debido en gran parte a la sacudida que el acceso a la red por parte de la ciudadanía ha tenido en la forma en que educamos y somos educados. Por eso, y con la intención de ampliar lo apuntado por López en esa entrevista en referencia a la escuela Octavio Paz, os proponemos una somera exploración de esta tendencia estructural con la que muchas escuelas adaptan su distribución espacial a las necesidades de sus alumnos y sus líneas pedagógicas.

 

Orígenes y beneficios del reordenamiento espacial de las escuelas

El ordenamiento del espacio clase y del centro educativo en el que se integra se encuentra intrínsecamente ligado a la línea pedagógica de este último. Quizás por eso, toda distribución que rompa con las habituales hileras de mesas ordenadas horizontalmente a modo de cuadrícula y encaradas hacia el docente se considera una plasmación espacial de las llamadas pedagogías alternativas o, más concretamente, de las pedagogías libres. Así, y si nos centramos en los efectos que estos cambios distributivos tienen en el alumnado, que hoy en día se considere estándar lo que hace unos años era  «alternativo» responde, en consecuencia, al auge de pedagogías que rompían con la forma en la que se transmitía el conocimiento en el aula hasta entonces. Teorías pedagógicas como las de John Dewey (1859-1952), quien sin abogar por una distribución del espacio clase diferente sí rompió una lanza en favor de un aprendizaje democrático con la vida (dentro y fuera de la escuela) como base, o más propias de la desescolarización como las de Ivan Illich (1926-2002) o de las pedagogías y alfabetizaciones críticas, tal y como las entendió Paulo Freire (1921-1997). Visiones sobre la educación que en algunos casos apostaron por traspasar las fronteras de las aulas, pero que siempre implicaron una nueva forma de aprender en base a reconsiderar qué rol ocupaban tanto el docente como el alumno respecto al proceso de formación de este último. Lo que en buena parte explicaría el porqué del resurgimiento de la redistribución espacial de las escuelas en la actualidad, de la mano de las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC) y los cambios que han supuesto de cara a la adquisición de conocimiento para todos nosotros.

 

La escuela en la era de la información: un espacio para el encuentro y la cooperación

Retomemos por un momento la distribución espacial de la escuela Octavio Paz, a partir de las propias palabras de su director, Xavier López: «Lo que hemos hecho es transformar la antigua aula en cuatro microespacios: uno para investigación, otro para la lectura, un tercero para la asamblea y un último para el debate. El profesor se encarga de pensar distintas propuestas a desarrollar en cada espacio». Aunque, y yendo a lo general, ¿bajo qué principios podríamos organizar un aprendizaje utilizando el espacio escolar?

  • Básicamente, el ordenamiento del espacio debe responder al objetivo de la clase, facilitando los roles que deberán tomar los alumnos para alcanzar dicho objetivo a través de la distribución de las mesas, sillas, ordenadores o cualquiera de los demás elementos que componen un aula.
  • Partiendo de esa base, y teniendo en cuenta el vuelco que ha dado la educación desde la irrupción de Internet en nuestras vidas, el aula debería ser considerada un espacio de intercambio y cooperación entre iguales, más basado en las competencias sociales y/o comunicativas que en las memorísticas. A tal efecto, la clase y su distribución no tiene por qué estar tan enfocada hacia la figura del profesor como pilar central si no hacia los alumnos y las relaciones que se forman entre ellos.
  • Relacionado con lo anterior, el profesorado difícilmente puede ceder su lugar al alumnado como gestor del aprendizaje si el aula y las metodologías que en ella se utilizan no están adaptadas a las TIC. La existencia de una zona dedicada a la búsqueda de información, a partir de una terminal de Internet, por ejemplo, es una buena manera de introducir estas tecnologías en el proceso de aprendizaje del alumnado, potenciando su alfabetización digital sin descuidar espacios en los que el debate y el diálogo presencial resulten fundamentales para la toma de decisiones y la cooperación.
  • En tiempos de educación expandida, aprendizaje ubicuo y para toda la vida, no vale la pena reducir al aula el espacio de aprendizaje. Aprovechad otros espacios de la escuela para facilitar un aprendizaje situado, e incluso fuera del centro educativo para aprender a través del aprendizaje servicio o la exploración del entorno escolar, convertido en el centro de operaciones de un proceso que desborda, en lo físico, la institución escolar.

¿Cómo se encuentran distribuidas vuestras aulas? ¿Qué sentido le dais a esa distribución? ¿Es acorde a los conocimientos y competencias que buscáis transmitir a vuestro alumnado? Compartid vuestras impresiones con todos nosotros, así como este post con vuestros contactos.

 

Para saber más:

Artículo: Los ambientes de aula que promueven el aprendizaje, desde la perspectiva de los niños y niñas escolares, por Marianella Castro-Pérez y María Esther Morales-Ramírez.

Video: En el aire: Entrevista a César Bona: Una forma creativa de organizar un aula.

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *