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Cómo detectar y gestionar los problemas emocionales de tus alumnos

Hace unos meses os hablamos de la educación emocional en el aula y de cómo, a pesar de su importancia, sigue siendo una asignatura pendiente en muchos, demasiados, sistemas educativos de todo el mundo. En su ausencia,el buen desarrollo y la gestión de las emociones de vuestros alumnos puede fracasar, lo que traería consigo complicaciones emocionales problemáticas si no saben detectarse a tiempo. Por ese motivo, y considerando la importancia de una buena salud emocional en el aula para todos los que pasan un tiempo en ella, os apuntamos una serie de consejos para identificar posibles problemas emocionales entre vuestros alumnos y así poder gestionarlos posteriormente.

 

Cómo detectar problemas emocionales en el aula

Por lo general, infancia y emoción suelen ir de la mano. Y cuanto más nos alejamos de ese periodo de nuestras vidas, más terreno gana la racionalidad en detrimento de la emocionalidad. Lo que implica, a su vez, que muchos de los alumnos que podáis tener a vuestro cargo estén en una edad más proclive a responder emocionalmente con mucha más intensidad que cualquiera de nosotros. En este sentido, y desde este mismo espacio, ya os hemos hablado en muchas ocasiones de la importancia de una enseñanza basada en las emociones como sinónimo de un aprendizaje motivador para vuestros alumnos. Ahora bien, la ansiedad, la ira o la tristeza, entre muchas otras, también son emociones que, a pesar de su inevitabilidad en la vida, pueden desarrollarse de forma perniciosa. Y, peor aún, suelen pasar inadvertidas para docentes y progenitores pese a sus consecuencias para la adaptación escolar y social del alumno en cuestión. Una situación a la que intentaremos añadir nuestro granito de arena con la siguiente enumeración de síntomas para una temprana identificación de problemas emocionales, causados muchas veces por situaciones ajenas a la escuela pero que pueden resultar perjudiciales si no se gestionan a tiempo y/o de forma sana:

  • Comportamiento errático y cambiante: pese a que en ciertas edades, como los años que comprenden la adolescencia, estos cambios pueden ser parte de un desarrollo perfectamente normal, el repentino paso de un extremo emocional a otro sí son sintomáticos de un problema de fondo.
  • Hostilidad e incluso violencia hacia los demás: generalmente, una persona que ejerce la violencia utiliza su hostilidad para dar rienda suelta a sentimientos negativos que se hallan enquistados en su interior. Este es probablemente el signo más visible de un problema emocional, pero también el más complicado de gestionar por el rechazo que provoca en los demás, lo que origina a su vez sentimientos de soledad o incomprensión retroalimentan la agresividad de quien los padece.
  • Apatía y desinterés generalizados: aficiones o hobbies que se abandonan o falta de interés por todo lo que les rodea pueden ser síntomas de algo más que un simple cambio o periodo de desánimo, especialmente en edades muy tempranas. Durante la adolescencia, la identificación de estas actitudes como síntoma se complica, pero no por ello debe descartarse en algunos casos.
  • Alteraciones en el sueño o la alimentación: pese a que pueden ser difíciles de identificar en la escuela, estos dos síntomas suelen ir de la mano como los más reveladores de que, efectivamente, existe un problema de fondo que hay que resolver.

Ahora bien, ¿cómo deberíamos actuar en el caso de que detectásemos alguno de estos síntomas en uno de nuestros alumnos?

 

Consejos para gestionar las dificultades emocionales del alumnado

Antes que nada, considerad hasta dónde podéis llegar y hasta qué punto una intervención por vuestra parte puede suponer una invasión del terreno familiar o incluso médico. Teniendo esta cuestión en mente, os apuntamos una serie de modestos consejos que os permitirán alternar los límites de vuestra función como docentes con vuestra capacidad para ayudar a vuestros alumnos cuando lo necesiten:

  • Comunicaos regularmente con las familias de vuestros alumnos y hacedles saber, siempre con prudencia, si habéis detectado en estos últimos algún problema emocional. De este modo, las familias conocerán una posible realidad que quizás habrán pasado por alto en casa, y os permitirá actuar conjuntamente para resolver el problema desde dentro y fuera del aula.
  • Comunicaos con otros docentes que estén en contacto con el o los alumnos que creáis sufren algún tipo de dificultad emocional para coordinaros como centro y poder ofrecerles una salida emocionalmente sana a sus problemas.
  • Aprovechad los espacios de atención individualizada que ofrecen los centros escolares como las tutorías para hablar de tú a tú con los alumnos que puedan tener algún tipo de problema emocional, hacedles sentir vuestro apoyo y ofrecedles vuestra atención siempre que la necesiten.
  • En lo posible, intentad hacer de vuestras clases un entorno en el que los alumnos puedan expresarse libremente. Una condición general que sirve, simultáneamente, para que los que se encuentran en dificultades pueden expresarlas a su modo y para evitar que futuras contrariedades puedan invisibilizarse y convertirse así en un problema.

Esperamos que estas formas detección y gestión de problemas emocionales os sean de utilidad, a la vez que os animamos a que compartáis con nosotros vuestras vivencias al respecto, así como este post con todos vuestros contactos.

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