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Aprendiendo a aprender: Una aproximación al ABP

Aunque a simple vista podamos pensar que se trata de una cualidad inherente al ser humano, el acto de aprender es, paradójicamente, una habilidad que puede aprenderse. Y, por tanto, también enseñarse a través de metodologías como el Aprendizaje basado en el pensamiento (ABP o TBL, según las siglas en inglés de Thinking-based Learning): un aprendizaje de competencias, transversal y activo que implica que el alumnado construya y decida sobre su propio proceso de aprendizaje a través del trabajo de las materias curriculares. Definición que, a su vez, merece un desarrollo y una contextualización histórica que nos permita desgranar las características de esta metodología de la que hace ya un tiempo os resumimos algunos de sus beneficios pedagógicos.

 

Aprender a aprender

En 1985, una rama del Posgrado de Pensamiento Crítico y Creativo de la Universidad de Massachusetts de Boston, en Estados Unidos, veía nacer el Teaching Thinking de la mano del profesor Robert J. Swartz. Un método, semilla del futuro ABP, que fue impartido a alumnos universitarios quienes, a su vez, hicieron lo propio en alumnos de entre 3 y 18 años de edad con excelentes resultados. Siete años después, ya en 1992, el Teaching Thinking se desgajaba de la Universidad de la que surgió para organizarse de forma completamente independiente como Center of Teaching Thinking, introduciéndose primero en un colegio y un instituto públicos de Boston y, a lo largo de esa década, a través del ABP, en aproximadamente cien centros educativos de todo el país. A partir de ahí, y según cifras del año 2017, el número de escuelas en el mundo que asumieron esta metodología en sus respectivas líneas pedagógicas era de 200 centros, 70 de los cuales se encontraban en España. Pero ¿en qué consiste realmente el ABP?

            En convivencia con el currículo básico de las escuelas en las que se implementa, y del que no en vano extrae su aprendizaje competencial, el ABP parte del principio de que es necesario pensar de forma eficaz, entendiendo esto como una aplicación competente del pensamiento que promuevan las acciones meditadas como puedan ser la resolución de problemas, el análisis, la argumentación, la creatividad, la crítica y/o la toma de decisiones. En este mismo sentido, el ABP promueve el uso de habilidades que permitan procesar y ampliar información y poder analizarla de forma crítica a través de los llamados hábitos mentales. Se trata de dieciséis automatismos: la persistencia, el control de la impulsividad, la flexibilidad reflexiva, la búsqueda de la precisión y la exactitud, el desarrollo del pensamiento independiente, la escucha empática, la comunicación precisa, la curiosidad, la creatividad y la innovación, el sentido del riesgo, el sentido del humor, la interrogación, la aplicación de conocimientos ya adquiridos a nuevas situaciones, la recogida de datos, la apertura de miras que permita un aprendizaje continuo y, por último, la metacognición o conciencia de la dirección (o direcciones) que toma nuestro propio pensamiento. Estos hábitos, a su vez, se adquieren a través de una serie de pasos clave que hacen posible su implementación en el aula.

 

Enseñar a aprender

El ABP se diferencia de otras metodologías educativas más o menos convencionales a partir de un conjunto de cualidades específicas que reciclan el aprendizaje memorístico de las materias curriculares en uno más activo y competencial, y que os resumimos a continuación:

  • El alumno es el protagonista del proceso de aprendizaje. Como viene siendo habitual en muchos de los métodos pedagógicos surgidos en las últimas décadas, el docente pierde su centralidad en el aula como fuente de conocimiento. A cambio, adquiere el rol de generador de la estructura de clases en las que, muchas veces a partir del Aprendizaje por Proyectos, impulsa a que sean los alumnos quienes decidan cómo interpretar y desarrollar lo que el profesor les propone.
  • Al recaer sobre los hombros del alumnado, el proceso de aprendizaje implica conocer los métodos con los que una idea puede desarrollarse y un problema o cuestión, resolverse. Por eso, los alumnos que hagan uso del ABP deben desarrollar competencias tan necesarias dentro y fuera del aula como la comprensión, la investigación o el Aprendizaje para toda la vida.
  • Por su cualidad emprendedora en lo que al proceso educativo del alumnado se refiere, el ABP permite, y de hecho facilita enormemente, el trabajo cooperativo y la colaboración entre alumnos, promoviendo, además de su aprendizaje, también su socialización. Igualmente, esta característica también incide en el sentido de la autoestima de los alumnos que hagan uso de esta metodología.
  • El ABP es transversal a todas las asignaturas que comprende el currículo escolar tal y como lo conocemos en ausencia de esta metodología pedagógica. Por lo tanto, es adaptable a cualquiera de sus asignaturas y útil como método tanto dentro como fuera de las fronteras de la escuela, instituto o centro formativo en el que se implemente.

¿Utilizáis el ABP en vuestro centro? ¿Cómo lo implementáis y qué resultados obtenéis en vuestras clases? Compartid vuestras impresiones con todos nosotros así como este post con vuestros contactos.

Para saber más:

Fragmento: El aprendizaje basado en el pensamiento. Cómo desarrollar en los alumnos las competencias del siglo XXI, por Robert J. Swartz, Arthur L. Costa, Barry K. Beyer, Rebecca Reagan y Bena Kallick.

Video: Aprendizaje basado en el pensamiento, por Robert J. Swartz.

Video: Entrevista educativa – Robert Swartz y el Aprendizaje Basado en el Pensamiento.

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