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De la autoridad a la proporcionalidad | Ser maestro

La idea de autoridad ha ido adquiriendo un cariz polémico a lo largo de los años, sobre todo en entornos escolares. Por definición, la autoridad es el prestigio o crédito que se le reconoce a una persona o institución por su legitimidad, por su calidad o por su competencia en una o varias materias. Pero estamos, sin dudas, ante una acepción más suavizada respecto a otras más populares, como la que identifica a la autoridad  únicamente con el ejercicio del poder, adaptándose a cada situación y basándose no solo en el respeto hacia el alumno sino también -en un intento de  alcanzar un justo equilibrio- en el respeto que el alumno le debe al profesor. A modo de ejemplo, os planteamos una película y un libro que creemos ilustran meridianamente la difícil relación entre el aprendizaje y la autoridad que, a veces proporcionalmente y otras no, sirve para direccionarlo.

Una película… Pinocho, de Norman Ferguson, T. Hee, Wilfred Jackson, Jack Kinney, Hamilton Luske, Bill Roberts y Ben Sharpsteen.

Aunque ya cuenta con casi ochenta años a sus espaldas, Pinocho sigue siendo una de esas películas infantiles a revisitar tanto por niños como también por los adultos que pudieron verla en su infancia. En el imaginario popular, la adaptación animada de esta historia sobre un títere de madera viviente que aspira a convertirse en un niño de carne y hueso, o un niño “de verdad” a través de sus buenas acciones, ha eclipsado por completo el original literario en el que se basa. Firmado por el cuentista Carlo Collodi, el Pinocho original cobró vida en 1881 con la publicación periódica de sus aventuras en Il Giornale per i Bambini. Y si bien tenía un estilo moralizante, el cuento se ubicaba mucho más cerca de la picaresca -con su humor amable pero de fondo negro y surreal- que de la adaptación llevada a cabo por la factoría Disney, casi setenta años después. No en vano, Pinocho, la película, está narrada a modo de cuento por el propio Pepito Grillo, severa conciencia del títere de madera que cobra vida por obra y gracia del hada madrina, quien a su vez busca recompensar así al carpintero Geppetto por su bondad. Una concesión, sin embargo, que no es completa: Pinocho será una criatura de madera hasta que demuestre tener la bondad suficiente como para merecer ser un humano. O lo que viene a ser lo mismo: si obedece a Geppetto y a Pepito Grillo, quien le sigue a todas partes recriminándole casi todo lo que hace. Pero su desobediencia tiene terribles consecuencias: el confiado Pinocho es secuestrado, humillado, abandonado y utilizado una y otra vez por prácticamente todas las figuras adultas con las que se cruza en su camino en un mundo plagado de peligros. ¡Y hasta es engullido por una ballena cuando sale en busca de su padre, Geppetto, quien le busca desconsolado! Una visión considerablemente sombría y a veces terrorífica en su desproporción, al menos desde la perspectiva actual, sobre las consecuencias que la ausencia de una autoridad tiene sobre los niños y su tendencia a la desobediencia que, a su vez, no invalida la brillantez de este merecido clásico del cine, infantil o de cualquier otro tipo.

…y un libro: Escuela de fantasía. Reflexiones sobre educación para maestros, padres y niños, de Gianni Rodari

Y de una película con una visión del mundo un tanto oscura pasamos a una compilación de escritos firmados por otro cuentista, uno los renovadores educativos más reputados y respetados de las décadas de los sesenta y setenta del siglo pasado: Gianni Rodari (1920-1980). Escritor, pedagogo y periodista, especializado en la educación infantil, Rodari es autor de libros, poemas y canciones para niños, además de ensayos pedagógicos sobre el poder de la fantasía infantil y la necesidad de su libre desarrollo, en aras de una educación completa e integral del alumnado. Por ese motivo, y pese a que la más célebre de sus obras sea Gramática de la fantasía, editada por primera vez en 1973, os recomendamos esta Escuela de la fantasía como forma de introducción en el pensamiento de Rodari, y su visión sobre la creatividad, cualidad que consideraba inherente al ser humano pero que resultaba de vital importancia durante la infancia, la risa o la lectura. Al respecto, Rodari contravenía una determinada visión del acto de leer que entendía, y aún entiende, la lectura como obligación, o como sustituta de otras aficiones infantiles menos reputadas como el consumo de televisión para ofrecerla como un acto privilegiado, necesariamente libre y voluntario. En este mismo sentido, y tal y como se apunta desde las páginas de Escuela de fantasía, el rol de toda figura docente consiste más en el acompañamiento del aprendizaje que en la enseñanza de unas materias determinadas o conocimientos que, según la mentada definición del término, nos otorgan autoridad sobre niños y niñas en nombre del saber. Una visión prácticamente opuesta a la autoridad y su proporcionalidad ofrecida desde los fotogramas de Pinocho, y que implica una forma de enseñar adaptable a cada infante a través de la máxima de Rodari que asegura que “la educación de un niño pasa por nuestra reeducación continua”.

 

Para saber más:

Texto: Trabajo de fin de grado: “Pinocho” Una propuesta didáctica, presentado por Nerea Martín Moreno y tutelado por Ricardo de la Fuente Ballesteros.

Artículo: Propuesta de didáctica basada en las técnicas de Gianni Rodari y los juegos de Edward de Bono para la producción de textos literarios creativos, por Maritza Álvarez Rodríguez.

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