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Ser maestro | Capacidad de evaluar

En más de una ocasión, y a propósito de la introducción de las Tecnologías de la Comunicación y la Información (TIC) y de metodologías pedagógicas activas, os hemos hablado del cambio que ha sufrido el rol del profesorado durante estos últimos años. Un tránsito que ha hecho de la figura del maestro, considerada hasta no hace demasiado como fuente de sabiduría, un gestor de contenidos e incentivador de las competencias a aprender por sus alumnos y alumnas. Pero esta variación, que ha costado y sigue costando de asumir por parte de algunos docentes en otros tantos centros, ha traído consigo nuevas necesidades para el profesorado. Necesidades que van desde el aprendizaje de nuevas competencias hasta la revisión de otras que se daban por supuestas, pero que ahora deberían contemplarse desde otra perspectiva. Es el caso de la capacidad de evaluación del profesorado como paso previo para incidir en el aprendizaje de su alumnado, y que la adaptación del proceso de enseñanza a sus capacidades sea todo lo efectiva posible. Una competencia docente cuya concepción ha ido variando a lo largo del tiempo, pero que aquí pretendemos ilustrar a través de las siguientes película y libro, que ofrecen dos perspectivas muy diferentes de cara a evaluar, a partir del diálogo y el juicio moral, las necesidades de quienes tenemos a nuestro cargo para así poder gestionar su proceso de aprendizaje de la forma más adecuada posible.

Una película… Un método peligroso

Esta es una película hablada. Mucho. Adaptación de la obra teatral homónima estrenada en el año 2012 bajo la firma de Christopher Hampton, también guionista de esta película, que a su vez suponía la teatralización de la novela de no-ficción escrita por John Kerr en 1993, Un método peligroso supone también la tercera colaboración entre el actor Viggo Mortensen y el director David Cronenberg. Aunque al contrario que en sus trabajos anteriores, Una historia de violencia (2005) o, en menor medida, también en Promesas del este (2007), Mortensen comparte aquí su presencia en pantalla como el padre del psicoanálisis moderno, Sigmund Freud (1856-1939), con otros actores de renombre como Michael Fassbender, en la piel de Carl Gustav Jung (1875-1961) o Keira Knightley, interpretando a Sabina Spielerin (1885-1942), una de las primeras pacientes de ambos. Tres actores que convierten este fresco de los inicios del movimiento psicoanalista, tal y como lo conocemos hoy, en un constante diálogo entre evaluadores (Freud y Jung, cada uno desde su propia forma de entender el estudio de la psique humana) y evaluados (Spielerin, cuya histeria diagnosticada y proceso de sanación se convirtió en uno de los mayores hitos de la historia del psicoanálisis). Y, a la postre, también en un retrato, considerablemente turbio, sobre cómo el proceso de evaluación de las necesidades de una persona, hecha a partir del diálogo y el estudio de la conducta, puede afectar el juicio de quienes la ejercen. Un film de desarrollo ocasionalmente farragoso en su condición de película basada casi por completo en el diálogo y sin apenas acción física, pero cuyo indudable interés funciona a varios niveles, desde el histórico (pese a algunas libertades creativas) o el cinematográfico hasta el antropológico, pasando por una puesta en valor de la evaluación como una forma de asistencia al otro, a través de la comprensión de sus necesidades y del acompañamiento en su proceso de autoaprendizaje.

 

Y un libro… Menos que cero

Enfant terrible de las letras estadounidenses de mediados de la década de los ochenta, Brett Easton Ellis dio la campanada a la tempranísima edad de 21 de años con ésta, su primera novela, que llevaba por título Menos que cero. Un libro corto, escrito en primera persona desde una austeridad rayana en lo clínico, y que narra las vacaciones navideñas de un joven estudiante universitario llamado Clay, y de algunos de sus amigos. Taciturno, siempre observador y carente en apariencia de un punto de vista moral sobre todo lo que le rodea, Clay es la quintaesencia del adolescente desapasionado ante un mundo basado en el consumismo desaforado, que no sabe como satisfacerle ni tampoco entenderle, pero del que parece disfrutar, más mecánica que hedonistamente, a base de fiestas regadas en alcohol, drogas y sexo sin compromiso emocional ninguno. De carácter cuasi autobiográfico, Menos que cero supone tanto un testimonio vital de una época sin aparentes principios como también una pormenorizada descripción, alérgica como decíamos a cualquier juicio moral, de entornos y conductas que, bajo un punto de vista más convencional, a buen seguro resultarían condenables para el lector. Un altavoz generacional que, 36 años después de su primera edición, aún sirve como llamada de atención para familias y docentes sobre la supuesta deriva hacia la amoralidad por parte de la generación de Ellis, y también de las que la sucedieron, pero que es también un ejemplo paradigmático, áspero e incómodo en su gelidez descriptiva, de como una evaluación que no pivote sobre un juicio moral está condenada a la inacción, cuando no a la más desafortunada (e indiferente) complicidad.

 

Para saber más:

Video: Entrevista a Brett Easton Ellis, en AvióndepapelTV.

Video: Tertulia sobre la película Un método peligroso.

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