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Blockchain y aprendizaje a distancia: aplicaciones educativas de la Cadena de bloques

Planteada, hace unos meses y desde este mismo espacio, como una de las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC) con mayor potencial de expansión de este 2020, la tecnología Blockchain, o Cadena de bloques, consiste en un conjunto de bases de datos almacenados en diferentes bloques, lo que impide su manipulación parcial o total. Un sistema de encriptación de datos que había empezado a dar sus primeros y tímidos pasos en entornos educativos, pese a su desarrollo en terrenos que, como en el caso de las criptomonedas o bitcoins, quedaban fuera de lo formativo.

Pero el meteórico y obligado auge de la formación a distancia de los últimos meses, con la consiguiente preocupación por cuestiones como el derecho a la intimidad en la red o el robo y manipulación de información digital, ha situado en el ojo del huracán al Blockchain como una tecnología aplicada a la educación muy a tener en cuenta en un futuro próximo, casi inmediato.

 

Breve historia de la Cadena de bloques

Los inicios del Blockchain se remontan a la crisis financiera mundial iniciada en 2008, tras la quiebra de Lehman Brothers el 15 de septiembre. Fue ese mismo año, el 31 de octubre, cuando el criptógrafo Satoshi Nakamoto, seudónimo de uno o varios ciudadanos cuya verdadera identidad sigue siendo un misterio aún a día de hoy, daba por inventada la moneda bitcoin. Una divisa creada al margen de bancos centrales y estados, y por tanto ajena a su control, que recaería en las manos de los implicados en los intercambios económicos, libres de un tercer agente (ya sean los mentados bancos o estados) que supervisara la operación. El relativo auge y caída se produjo durante la segunda mitad de la década siguiente, lo que no impidió que la divisa siguiera existiendo ni que, a lo largo de estos años, la bitcoin fuese saludada, desde algunos medios y por parte de algunos profesionales de la informática, como toda una revolución basada, más allá de sus posibles repercusiones monetarias y financieras, en la tecnología Blockchain o de Cadena de Bloques.

Una tecnología consistente, a grandes rasgos y como se comentaba anteriormente, en el encriptado y compartimentación de datos con un grado de fiabilidad y transparencia que ha sido comparado ya con el de una auditoría convencional, y que parte de las siguientes características de uso:

  • Permite crear plataformas capaces de automatizar tareas referidas a la verificación informativa o datística.
  • La gestión de estos datos e informaciones recibe un tratamiento, o encriptación, que los hace inmunes a la manipulación, el fraude u otros derivados de la ciberdelincuencia.
  • Permite, además, la gestión personalizada de datos personales de todo tipo en una sola base datística, que potencialmente podría ser compartida tanto con entes de gestión privada como con otros de gestión pública.

Cualidades que, pese a todo, siguen siendo objeto de polémica en cuanto el blockchain formaría parte de la también controvertida economía de plataformas, que sustituiría eficientemente algunas de las labores de supervisión llevadas a cabo no solo por bancos o estados sino, o también, por terceras personas, y necesitaría de una formación tecnológica imprescindible para su utilización. Aunque teniendo todo lo anterior en cuenta ¿qué aplicación puede tener esta tecnología en un campo como el educativo?

 

Blockchain en el mundo educativo

Del auge del Blockchain en la educación dan buena muestra iniciativas como la Universidad del Blockchain, impulsada por la Universidad Nacional de la Educación a Distancia (UNED), o la aparición de los llamados Laboratorios Blockchain, así como de numerosas plataformas de desarrollo de esta tecnología emprendidas por otras tantas universidades españolas en su lucha contra el fraude académico. Pero, más allá de este creciente interés, veamos cuáles son los usos educativos previstos para esta herramienta tras el imprevisto auge de la formación a distancia de estos últimos meses:

  • Una vez establecidas las áreas en las que puede funcionar a modo de convalidación internacional, todo ciudadano podría hacer uso de una identidad educativa digital, que resumiría su historial académico, certificados y datos escolares. Lo que, en un panorama ideal, permitiría a su vez una movilidad laboral total por todo el territorio en el que estos conocimientos estén convalidados, reduciendo así la burocratización actual de estas gestiones.
  • Permite gestionar itinerarios de aprendizaje, automatizando de forma segura desde procesos internos hasta cuestiones relacionadas con la propiedad intelectual y/o el plagio, pasando por exámenes y calificaciones.
  • Permite, potencialmente, la creación de comunidades virtuales cuyos miembros serían parte de un proceso de intercambio de conocimientos que podría incluir descuentos en la futura educación de los estudiantes que hayan demostrado una mayor y mejor capacidad para formarse, por ejemplo.

Pese a todo, tanto los admiradores como los detractores de la aplicación de la tecnología Blockchain en entornos educativos advierten de la necesidad de hacer sobre ella una buena formación y un productivo debate, capaz de aclarar las dudas que pueda generar en el campo tecnológico y también en el pedagógico. Y más aún en el instante en el que la mediación tecnológica se está convirtiendo en una herramienta de vital importancia para el desarrollo de muchos procesos educativos en todo el mundo.

 

Para saber más:

Capítulo: El protocolo fiable, dentro del libro La revolución Blockchain por Don Tapscott.

Webinar: Futuro del Blockchain en la educación superior, por Comunicación MetaRed.

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